domingo, abril 10, 2005

Recuerdos que matan

Cuando sus alas estaban siendo devoradas por las llamas y la caída era el vértigo que no le dejaba respirar, Icaro hubo de recordar que unos instantes antes de elevarse en vuelo para escapar del laberinto, su padre, el ingenioso y sabio Dedalus, se acercó a el alegremente, le abrazó con fuerza y luego de unas palabras de aliento, sacó de su mochila un paquete y le dijo: “Hijo, para que te acostumbres a volar”.
Esperanzado con la entrega del regalo, el chico abrió rápidamente el paquete y se encontró con un hermoso ladrillo de arcilla negra.