sábado, marzo 12, 2005

Semblanza de una traición

Eran los locos ochentas; todo se valía
Fabio P.

Un viejo dicho popular dice más o menos que todos aquellos con intenciones si a los 20 años son de izquierda, está muy bien, pero que si después de los 30 lo siguen siendo, son unos descriteriados.
Pero la verdad, la cosa no es tan simple como lo aparenta la ideología popular representada en sus dichos. Ser zurdo parece ser un estilo de vida que escogen aquellos con un poco sentido común, que (ustedes disculparán) han comido mucha mierda o se han hecho a pulso, como es el caso del Maestro Alfonso Reyes Echandía. Por favor no confundir con el escritor y gran pensador mexicano.
Yo sé muy bien que si usted, estimado amigo lector es joven, no tendrá ni idea de quien carajos es que estoy hablando, así que a grandes rasgos le contaré, como para que se haga una idea de semejante hombre.
Resulta que Alfonso Reyes nació en Chaparral (Tolima) en el ceno de una familia humilde y gracias a sus propias y excelentes facultades intelectuales, disciplina, tesón y deseos de superación, terminó siendo Presidente de la Corte Suprema de Justicia de Colombia y siendo asesinado en la retoma del Palacio de Justicia.
En principio, he de contar que éste muchacho fue (hasta ahora no ha sido superado) el mejor estudiante que ha pasado por la Universidad Externado de Colombia y es el padre del Derecho Penal Colombiano de la actualidad. Sus libros son texto obligado, no por compromiso patriótico o porque no existan otros sobre los mismos temas, sino porque siendo sinceros, si uno pasa por alguna escuela de Derecho en Colombia, tendrá efectivamente que remitirse y referirse a sus textos porque no existe una mejor fuente de estudios, clara y precisa. Yo no sé si a ustedes (los que estudian o estudiaron Derecho) les pasó, el caso es que uno toma por primera vez un libro del Maestro Reyes con recelo (es que es literalmente imposible confiar en que todo el mundo le diga a uno “son muy buenos libros”) pero al rato, después de leerse el capítulo que uno necesita consultar, cuando se da cuenta, ha pasado por más de un tercio del libro y dos o tres días después, resulta que se ha leído todo el documento porque resulta adictivo. Claro que lo curioso con los textos del Maestro, es que si se nos leen en voz alta, resultan aburridorsísimos, no sé muy bien la razón por la cual sucede algo tan peculiar, pero supongo que se debe a que cada cual debería hacer una reflexión interior mientras va digiriendo el raudal de conocimientos que el Maestro Reyes muy amablemente nos legó a todos o más bien, porque parece que sus textos son un monólogo interno acerca de la realidad jurídica, pero con un enfoque claramente filosófico; vaya uno a saber en verdad.
Bien, volvamos al asunto foco central de este post: Siendo Presidente de la Corte Suprema de Justicia (La famosa y difunta Corte de Oro) el Maestro y sus compañeros de Tribunal estaban en proceso de depurar a casi todas las instituciones políticas, militares y administrativas con alguna clase de poder en Colombia y ello, quizá nos lleve a conclusiones supremamente obvias, pero que hasta ahora es un capítulo que algunos estamos empezando a descubrir y otros a contar. La marea de procesos penales (y evidentemente políticos) que pesaba sobre las miembros de las colectividades políticas (senado, cámara, asambleas… etc.) era tal, que deja un incierto sabor en la boca hacer especulaciones acerca de complots entre política, narcotráfico y una guerrilla engañada a sueldo. Los cientos de procesos por narcotráfico, peculados e infinidad de delitos realizados por administrativos y fuerzas armadas que la Corte de Oro llevaba era de tal magnitud que es entendible el accionar de la retoma.
Por otra parte, los continuos y poderosos artículos de prensa del Maestro y los otros miembros de la Corte sobre distribución equitativa de riquezas y el sentido de conciencia con relación a la comunidad en general, nos hacen pensar en otras direcciones o más bien, que nos preguntemos ¿Quién con algo de poder no quería eliminar la Corte? Quizá, como lo dijo alguna vez Hegel, el universo se confabuló en una cadena de actos para que un evento en particular ocurriera, caso que puede ser la toma del Palacio de Justicia y su retoma.
Claro, debemos analizar la situación desde las dos posiciones. Primero analicemos la idea del M-19 y la izquierda, es decir, que si hubiese sido un éxito real, quizá habría cambiado la historia de Colombia o la parte en dos y el significado simbólico sería totalmente material y como existía el precedente de la toma de Embajada Dominicana, pues era una operación factible. Luego tenemos al Estado y su “Derecha”, la cosa no era sencilla, más bien era un problema totalmente palpable con el acontecimiento desagradable de la toma de Embajada, la “Chiqui” en primera plana de El Tiempo y para colmo, en TV el vídeo del avión aterrizando en la Habana mientras eran vitoreados por la multitud; el Estado debía hacer algo, esta vez no sería tan fácil para el M.
Obviamente las dos situaciones eran completamente diferentes. Por un lado tenemos que los secuestrados o rehenes son gringos, curas y ricos y por el otro lado, magistrados, empleados estatales y cualquier paisano común y corriente que tuviese la mala suerte de estar en el lugar equivocado. Así que la cosa cambia: los gringos no negocian, ellos están dispuestos a perder rehenes, claro, si son tipos tan comunes y cantantes como Homero Simpson, pero nunca un embajador; los curas con lo hipócrita que son no podían darse el lujo de perder al Nuncio, no por política, sino por negocio y el resto de embajadores y cuerpo diplomático, pues eran o son ricos. Mientras con los ocupantes del Palacio de Justicia el juego era a otro nivel, ya que hablamos de paisanos, de amigos (bueno, allá no quedaron muchos que podríamos señalar como amigos, más tardesito explico el problema), profesores, compañeros de clase, padres, madres, hijos, hermanos… etc.
Las cosas se complican si recordamos que el gobierno de turno era conservador y la corte en su mayoría era de filiación liberal y las doctrinas jurídicas del momento, emanadas de la misma corte o de sus representantes desde las aulas de clase, le estaban presentando serios problemas de orden negocial desde la administración pasada a Turbay y ahora a Betancourt, sinónimos de la politiquería, la impunidad y la corrupción. Las diferentes columnas de los magistrados en los diarios de circulación nacional así lo atestiguan. Irónicamente, el Maestro Reyes tituló en una columna suya “Si la violencia proviene de los oprimidos es subversión; si la violencia proviene del Estado, es orden”. Claro, el Maestro se refería al terrorismo de Estado y la respuesta armada de aquellos que ya están cansados o simplemente no soportan más.
Bien, volviendo al tema, resulta que cuando se toman el Palacio, el General de la Policía que da la orden a las tropas de entrar a sangre y fuego a retomar el Palacio para el Estado, es nada más ni menos que el amigo de juventud del Maestro o como decimos lo pollos, el General era el parcero del Maestro; quien acepta que entren y da orden de que sea una toma ejemplar que aplaste al M es Fernando Inestrosa (irónicamente, el rector de la Universidad Externado de Colombia, amigo y padre intelectual del Maestro Reyes); el que envía al GOES es Masa Márquez (exalumno del Maestro y que se siente orgullos de estrenar a una fuerza de asalto sin experiencia y totalmente inoperante desde el punto de vista táctico y operativo en quizá la peor oportunidad, pero el afán de protagonismo es hambriento en el General Masa}; Víctor G. Ricardo, recién graduadito es quien firma la orden presidencial y resulta que también es exalumno del Maestro y luego, será premiado por otra administración conservadora para dirigir un proceso de paz con las FARC por su amplia experiencia con grupos al margen de la ley. Por su parte, el presidente Betancourt nunca le pasa al teléfono al Maestro (¿por miedo, vergüenza o por tratarse de envidia intelectual de un ignorante frente al Maestro? Vaya uno a saber, quizá las tres) y antes esconde su rabo de paja durante un buen tiempo y vuelve y aparece en el mundo jurídico pero solo para presentar sus obtusos poemas de medio pelo.
Lo cierto es que también se puede estar pensando que la toma del Palacio por parte del M, fue patrocinado por el narcotráfico en conjunción con la politiquería reinante de la época y que utilizaron y engañaron a la comandancia del M, pero nunca sabremos la verdad, ya que nadie sobrevivió para contarlo, solo Navarro, pero en él nadie puede confiar, ni siquiera su propia sombra, que le huye en los intersticios que le dejan.
Lo realmente cierto, es que no fue una bala salida de los fusiles del M lo que aniquiló a los magistrados ni mucho menos atravesó el pecho del Maestro Reyes, sino un proyectil salido de la boca de una de las armas empuñadas por los miembros de las fuerzas armadas que retomaron en nombre del gobierno, el Palacio de Justicia.

Aclaración terminológica
Zurdo: Éste es un nuevo término acuñado gracias a la paciencia, el cual identifica a aquellos que pasan de los 30 y son de orientación liberal, mas no se les señala como socialistas o comunistas, sino como seres con conciencia y sentido común que pretenden un cambio en la sociedad sin la necesidad de las armas o el reaccionismo de la violencia y que preordenan sus prioridades centrando al ser humano como eje fundamental de la sociedad antes a las instituciones atrasadas y carcomidas por la politiquería. Azul o Rojo son lo mismo, como blanco o negro para el Zurdo, quien considera al partidismo político como un sistema manido que se aprovecha de la ignorancia y la ingenuidad de las naciones. El Zurdo es un ser libre que persigue la conformación de algo más que un simple Estado Social de Derecho, para el Zurdo, las vías del diálogo y la formulación de la dialéctica son esenciales, nunca aceptará las vías de hecho.