lunes, marzo 21, 2005

La Economía De Las (Los) Moscorrofios

A mi que no vengan con el solapado cuento de que la economía del sexo no existe o que solo subsiste en mí imaginación curiosa donde cualquier cosa puede suceder. No sobra anotar que la verdad objetiva de la vida común y silvestre se lleva por delante cualquier invento de la imaginación. Por ejemplo, hace poco descubrí que existían las “chicas prepago” y eso que no soy un culicagado; luego descubrí que existen tantos burdeles gay en Ibagué que sobrepasan a los normalitos (es que la prostitución es quizá uno de los oficios más viejos del mundo) pero no tenía ni idea de la existencia de tanto chochal gay.
En una conversación con un amigo, él me decía que los putiaderos se están acabando, y que el culpable de ello son las “chicas prepago”. Ellas, me aseguraba mí sabio amigo, como llevan el putiadero al hombro o en la cartera, están dejando en la ruina a los lupanares de siempre y están desplazando el negocio a cualquier parte, menos a un cuarto obscuro iluminado por un bombillo rojo y por alquiler de un prostíbulo convencional. Pero bueno, eso es de sentido común y un ejemplo claro de lo que es el problema de eliminar costo en una economía tan competida.
La otra cara de la moneda, son las nenas (de cualquier edad) o muchachos que truecan su cuerpo por unas cervezas, una rumbiadita (si es en sitios de moda y que les vean, mejor) donde y como sea o por un paseo el fine de semana y que retribuyen con la única moneda que conocen, es decir, el sexo.
El intercambio de compañía, el cariño, alguien que escuche, la diversión, así como la hermandad y la complicidad de la amistad y hasta el amor se confunden con sexo. No es de extrañar que se pueda escuchar una conversación entre jóvenes al final de la noche (o de la madrugada, que viene a ser lo mismo) en la que uno de los dos pide a lo que en realidad fueron, es decir, gratificación sexual.
Recuerdo muy bien que un amigo describe a sus acompañantes de juerga como “moscorrofios” y no es el único que lo hace. Él se va en su camioneta 4x4 hasta un barrio no tan malo y pone música a todo volumen hasta que alguna nena según él “buena”, le hace la parada; luego aparecen otras y se devuelve con ellas para su propia casa o el club social al que pertenece y listo, o sino, se va para la finca de la familia y vuelve tres días después, muy feliz y rebosante de energía. Con estas nenas él asegura que no paga, bueno, en realidad no paga de la forma en que lo haría con una prepago o con una prostituta, sino que desembolsa para gastos varios como trago, comida, gasolina, hospedajes en hoteles de más de tres estrellas, tiquetes de avión u otros juguetes de los que se puedan irse antojando sus “amigas”. Mí amigo afirma que se cansó de salir con peladitas bien o con gomelitas, porque esas nenas, dice el man, solo causan problemas, nunca se lo sueltan a uno sino con mucho trago encima o un arrume de perico o sino, joden por todo y a todo momento y quieren que uno esté marcando tarjeta todo el berraco día. Continúa mí amigo diciendo que con las moscorrofio no tiene que gastar más que lo que gastaría con un par de amigos enrrumbados, pero que con las gomelitas el juego es a otro nivel, los regalos son tan caros y continuos que aburren hasta al más rico y estúpido y que para colmo, hay que lamberle hasta a la abuelita para que dejen salir a la peladita.
Conozco el caso, por ejemplo, de una estudiante de psicología (debe ir en quinto semestre en estos momentos) que se va de rumba el jueves, el viernes y el sábado (obviamente con diferente marrano) y el domingo llama al novio para que le haga visita, porque ella es muy juiciosa y pone cara de niña de la casita que se la pasa toda la semana estudiando hasta tarde en la casa de las amigas, porque la universidad es cosa brava. A los marranos les paga con sexo la diversión y las bendiciones alcohólicas y de juguetes extras recibidos y al novio, lo tiene siempre en sequía, pues según ella, no vaya y piense cosas raras o que no son y se la monte, así que el pobre idiota que no sabe nada de nada, está más tragado que media de borracho y con los ojos cerrados.
También tenemos a la estudiante estrella, aquella niña bonita, simpática y que tiene en sus labios una sonrisa de oreja a oreja para todo el mundo. Ella según sus compañeros de clase, va niveladita, nunca ha perdido una materia y todos los profesores la adoran. ¿Cómo ha pasado hasta un cuarto semestre o se encuentra adportas de graduarse de la universidad si ni siquiera sabe decir las bocales? Fácil, ella paga con sexo a diestra y siniestra, sin importar a quien deba hacerlo, pues es una nena generosa, comparte sus cualidades y por ello todos y todas las que en realidad le conocen, la adoran. Obviamente todos saben que es bruta, pero que su cuerpo es el vivo ejemplo de que las inteligencias múltiples son una realidad y no una fantasía desmentida por la filosofía; igual, ella tiene gente que piense por y para ella.
Con algunos muchachos pasa más o menos igual, pero en sentido estrictamente homosexual y normalmente son bisexuales y hasta su novia de mostrar tienen o esposa con hijo y todo para tener una fachada no tan desagradable; a ellos les dicen los pelafustanes o fulanitos. Con ellos no se puede ser seco o cortante, porque van y lo tildan a uno de discriminador pasivo o de marica como ellos, porque son increíblemente paranoicos y vengativos. Estos chicos llegan normalmente a puestos importantes muy rápido y ascienden como escarabajos en donde sea, hasta en las empresas más complicadas; las nenas los adoran porque son caballeros cuasiperfectos o totales y los tipos los detestamos, bueno, los que no somos maricas, porque resulta que ellos tienen la manía de montársela a todo el mundo pero nadie puede meterse con ellos o decirles la verdad.
Volviendo al tema central, o sea, las moscorrofio, resulta que ellas normalmente saben lo que son y para que es que van a una rumba o paseo, no les da pena, les gusta y retribuyen normalmente en la misma cantidad que se les invierte. Ellas no fueron a los mismos colegios que fue usted, ni tampoco pertenecen al club social en el cual usted se crió, nunca han tenido un par de sellos en el pasaporte o son las hijas de las amigas de su mamá o tías, pero quizá si las tiene de compañeras de universidad y hasta pueda que hayan sido sus empeladas en algún momento dado de la vida, porque casos son los que sobran; ellas no llegaron a su vida porque lo planearan así, sino que usted mismo las incluyó en el sistema que las trata afanosamente de sacar. No hay que ser pretencioso y decir que uno nunca ha salido con una moscorrofio, porque quizá en la lista se encuentra con varias sorpresitas, pero lo cierto es que ellas se están ganando a pulso el espacio que antes le pertenecía a las gomelitas y nos gusta que suceda, aunque usted sepa que con las moscorrofios solo va a la esquina y vuelve y ellas, también lo saben.

3 Comments:

Anonymous La Merde said...

Estamos de acuerdo... vayamonos de Tour por Pereira: http://lapetitemerde.blogspot.com/

21 de marzo de 2005, 9:36 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Por su forma de escribir se nota que usted se cree más preparado y culto que el resto del mundo, por eso le recomiendo que nunca en la puerca vida vuelva a escribir Vocales con "B".

16 de abril de 2005, 10:59 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Talvez deba hacer una revision de su vida y rescatar realmente aquello que lo hace ser mejor y sentirse pleno consigo mismo, se dara cuenta que todo es causa - efecto, y que no se... talvez no tenga mucho que rescatar porque todo el tiempo con sus acciones y palabras lucha por ser infeliz y de paso hace infeliz a los demas, dizque por "aprovechar el sistema" sabe que desarrolle su inteligencia emocional y deje de funcionar en pro del sistema que solamente es un monton de basura. Comienze por cambiar su vocabulario, y luego aprenda a descubrir quien realmente trasciende en su vida y quien no, lo demas como ya lo dije es basura, elija quien quiere ser? Basura ó ... usted tambien elige con quien relacionarse, recuerde que todo deja rastro. Dejemos de funcionar materialistas.

30 de noviembre de 2006, 1:23 p. m.  

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