miércoles, marzo 23, 2005

GOLES E IDIOTAS

“(…) es la voz tuya que me llama enamorada cual jamás”
Nicola Di Bari

Hace rato que no tocamos el tema del fútbol por estos lares. Si esa extraña manía o vicio de los miércoles y los domingos donde la bestia que anida en el interior es liberada en la jauría de los estadios, frente al TV o pegada a la oreja por el parlante de un radio endemoniado, porque veintipico peludos andan detrás de una pelota pecosa y el paisano (irónicamente) muere de felicidad.
Pero… ¿Qué es fútbol?
El sentido común nos dice que es un juego entre dos equipos de once jugadores cada uno, cuya finalidad es hacer entrar un balón en la portería contraria conforme a reglas preestablecidas; de las que la más característica de todas es que no puede ser tocado el balón con las manos ni con los brazos sino por dos jugadores dentro de la cancha y que se llaman porteros, los cuales son los encargados de no dejar templar de red. El juego se desarrolla empujando o llevando el balón con los pies o cualquier parte del cuerpo y a la anotación se llama gol. Normalmente un partido de fútbol dura 105 minutos, contando dos tiempos de 45 y un descanso de 15 minutos.
Aunque nos queda un tanto difícil encontrar el inicio del fútbol en la historia, porque hasta los chinos tuvieron su versión llamada tsu – chu por allá en el 200 a. C; los griegos también tenían su perspectiva del juego; los aztecas tenían por su parte un buen ejemplo del mismo, pero con muertos de por medio, pero no debido a las apuestas, sino referente al respeto de la dignidad perdida por el guerrero vencido. Pero lo cierto es que en Europa, más o menos en la Edad Media existió un deporte supremamente peligroso y violento llamado Fútbol de Carnaval y parece que todo el cuento moderno, procede de aquella experiencia de lucha entre villas y pueblos. Lo cierto es que en 1846 surgen las Leyes de Cambridge, las cuales le estandarizan bajo 10 preceptos básicos, volviéndolo un juego sencillo y entendible para todo el mundo. De allí en adelante, se burocratizó, destruyó y luego se volvió a crear la idea de un fútbol para todos, y vean como son los procesos históricos de bizarros, quizá ha sido el único ejemplo real de democracia deportiva cuando en 1885 por fin se legaliza profesionalmente al fútbol en Inglaterra, pero como hablamos del Imperio Británico, la cuestión no puede ser tan simple. Así que el fútbol moderno es de cuna inglesa y marinos, aventureros, ingenieros, escritores, comerciantes se encargaron de exportarlo en sus viajes donde mostraban la pelota a los lugareños de tierras ajenas, comenzaban a jugar y luego invitaban a unírseles. Allí empezó la fiebre que no ha podido parar, pero como cosa rara, también ha tenido (como todo invento humano) repercusiones mucho más allá de las simplemente lúdicas o deportivas.
En Inglaterra, el Manchester UN, ha sido el arma de caballería de los gobiernos de turno y respectivamente de la misma corona, en España el Real Madrid fue el estandarte del régimen fascista de Franco y la Selección Nacional del Argentina del Mundial del 78 (que milagrosamente o por tongo, ganó la dichosa copa) son buenos ejemplos de cómo el circo romano pasó de gladiadores de espada y escudo al balón y al grito de gol.
En Colombia por ejemplo, el fútbol no sería mayor cosa que una entretención de unos pocos si no es que a GURRUPIN (Gustavo Rojas Pinilla) para entretener a la opinión pública fuera de los asuntos del Estado manipulado por él en una dictadura declarada, no se le hubiese ocurrido por construir estadios por todos lados y promover al fútbol como deporte de masas y al mismo tiempo, incitar (con fusil en mano) a que la radio se metiera de cabeza en el deporte y dejara de lado el ciclismo, que era meramente temporal, zonal y no podía llevarse a cabo durante todo el año, en todo momento y en todas partes al mismo tiempo. Luego, los gobiernos toman el ejemplo de GURRUPIN y masifican el ejercicio de la entretención perfecta gracias a la competitividad innata en todos y cada uno de los ignorantes y violentos colombianos y al mismo tiempo, tiene una nueva fuente de ingresos a las arcas de los impuestos y al bolsillo de quienes, empiezan a ser, los nuevos esclavistas reconocidos y apoyados por la misma Ley.
Hubo que traer uruguayos, argentinos, chilenos, paraguayos, peruanos, polacos y uno que otro italiano para que aprendiéramos a ser hipnotizados por el pivote de la pecosa rellena de aire como las conciencias de los políticos.
Así, poco a poco, como el adicto ingenuo que consume la primera dosis gratis, los colombianos aprendieron a vivir al ritmo de un balón y la Selección Colombia de Fútbol, de ser un grupo de deportistas pasó a ser el reemplazo de la unidad nacional, bajo el tricolor politiquero.
Colombia es un partido de fútbol, cuarenta y cinco minutos de nacionalidad afiebrada, de frenesí pasional por el terruño y luego… silencio, porque el ciudadano común y cantante gritó, se emocionó, lloró y rió como loco, dejando libre a esa bestia reprimida por un sistema político obtuso que nunca ha sido democrático y que no le interesa lo que el paisano del común piense, solo el Estado se preocupará de las consecuencias de los actos, ni siquiera de las razones, para ello ya han sido amaestradas las pocas conciencias o voces en conflicto.
La uniformidad de pensamiento es tal, que desde Leticia hasta el Cabo de la Vela el grito de gol hace patria en propios y extraños y allí, el rabioso hincha que desgarra su camiseta (porque va ganando o va perdiendo, igual, solo importa es la pasión; nada más) no es otra cosa que un títere más en el teatro de idiotas útiles para el cual el guión es una obra maestra de los poderes de siempre en una tautología sin fin.