martes, febrero 15, 2005

Ciudadanía y delación

María del Carmen Moreno Vélez*

La democracia, como conquista política de la civilización, impone deberes a la par que genera derechos y condiciones para la realización de los mismos. Una ciudad, un estado, deben ser colectividades en las cuales caben y se desempeñan muchos individuos capaces de reconocer, conservar y respetar sus diferencias, facultades básicas de la calidad humana. En estas colectividades, el bien público, debe ser función no sólo del Estado, sino de los individuos asociados. El estado, como organización política, debe preocuparse por el bienestar de los individuos y el fortalecimiento de las instituciones que les garanticen las condiciones necesarias para su digno desempeño. Entre estas condiciones, debe estar el reconocimiento de los deberes y, en consecuencia, el cumplimiento de las normas que permiten vivir civilizadamente. Todo ciudadano que encuentre las condiciones para una vida digna, debe proteger las relaciones sociales que coadyuvan a su bienestar. En tal sentido es su deber contribuir a lograr la convivencia pacífica, defendiendo los límites que se requieren para el bienestar, sin esperar más recompensas que la satisfacción de las condiciones para la tranquilidad propia y ajena. Uno de los mecanismos para mantener los límites, está constituido por la denuncia. Los ciudadanos debemos denunciar los comportamientos que afeten la convivencia ciudadana y debatir sobre todo aquello que atente contra la tranquilidad, pero, la posibilidad de realización individual, social y política, no puede depender de actividades como la delación, (informar para recibir prebendas particulares o individuales) en la cual, muchas personas encuentran su "modus vivendi".
En Colombia, actualmente, y bajo la política de "Seguridad Democrática", se hace énfasis en la delación como táctica de control de irregularidades políticas que afectan la adecuada marcha del desarrollo civil. Sin consideraciones al daño político para la democracia, desde el Gobierno se anuncian y otorgan recompensas a los delatores, sin mayores explicaciones hacia los ciudadanos... ¿Quiénes están recibiendo las recompensas por las delaciones? ¿Qué resultados se esperan, fuera de la simple delación, como producto de estas prácticas? ¿Por qué razones se acude a la delación, a la generación de grupos de "informantes", en vez de acudir a la mejor distribución de bienes y servicios de tal manera que la mayoría de los ciudadanos puedan contar con las condiciones sociales necesarias para su adecuado desempeño civil? ¿Por qué se privilegia la delación sobre los servicios educativos y sobre los mecanismos jurídicos como las denuncias? ¿Por qué se hace énfasis en la delación en vez de trabajarle a la creación de puestos productivos de trabajo digno para los colombianos? ¿Por qué se invierte más dinero y esfuerzos en la militarización del País, que en la formación de ciudadanos aptos para el desarrollo de Ciencia y Tecnología? ¿Por qué razones, en vez de fortalecer ejércitos, no se hacen los esfuerzos pertinentes para que la población colombiana se autoregule en su crecimiento, desde la naturaleza misma de la prevención civilizada de nacimientos? ¿Por qué razones no se invierte en educación ciudadana, y en mejorar la aplicación de la justicia, en vez de estar llamando a la delación? ¿Por qué, quienes ejercen el gobierno y quienes legislan en este País, confían más en la fuerza de las armas que en la razón y el espíritu de las leyes?
Resulta ingenuo creer que, se puede vivir tranquilamente en Colombia, con cincomil millones de pesos ($5.000´000.000), obtenidos por recompensas. Está bien reconocer que los ciudadanos necesitamos el dinero suficiente para atender las necesidades básicas. Pero, pregonar que con una recompensa se tiene la vida tranquila pasa de ser una ingenuidad a una desabrochada estupidez. La tranquilidad comienza por tener paz en el espíritu y no es sensato esperar que "los informantes" que se dedican a vivir de las recompensas, puedan conquistar el bienestar espiritual. ¿O es que, haciendo honor a unas tendencias del consumismo, se cree que el bienestar que los seres humanos necesitamos, es solamente de tipo material y que se obtiene, cuando los bolsillos están llenos a costa de la desgracia de los demás?
Otra ingenuidad, por decir lo menos, es la que se da en esas campañas publicitarias que convocan a los guerrilleros para que se "vuelen" de los grupos insurgentes porque sus padres los esperan en casa... ¡Ay Dios Mío! ¿Cuántos de los guerrilleros habrán "cogido el monte" dejando tras de sí vidas muelles? Es muy posible que un alto porcentaje de las personas que se han alinderado en la subversión no hayan podido contar con las condiciones básicas para el desarrollo humano. ¿Cuántos habrán llegado a la insurgencia sin conocer las comodidades de un hogar con servicios básicos? ¿El Estado ha garantizado las condiciones de salud, educación, empleo productivo, recreación... suficientes como para prevenir el incremento de los grupos subversivos? En estas condiciones ¿será posible que los niños criados en ambientes carentes de las posibilidades que se consiguen a través de trabajos productivos, puedan encontrar satisfacciones afectivas que hoy añoren y por las cuales deseen regresar a sus hogares? ¿Quiénes son esos "padres" que tienen preparado el seno familiar para el re-encuentro con los posibles fugados de la subversión? ¿Formarán, acaso, parte de los grupos de desplazados que deambulan por el país, implorando solidaridades para rehacer sus vidas?
Cuando un Estado no ha podido construir democracia en 200 años de historia, entre otras cosas porque ha primado el interés individual de los miembros de las clases gobernantes, sobre los intereses colectivos, no debe lanzarse a políticas de supervivencia, mediante mecanismos de difícil aceptación para la justicia y para la ética. Es preciso trabajar en la construcción de tejido humano para exigir que la sociedad se contituya en guardiana de su orden político. Ese tejido humano se urde desde otra valoración de la vida, de las razones, de los argumentos... Es preciso trabajar más en razón de la productividad, de la seguridad que propicia el desarrollo intelectual, artístico, lúdico de los individuos y de las comunidades, en vez de seguir acudiendo al uso de las fuerzas a las que nos tienen sometidos todos los actores armados, procedentes de "las derechas", "los centros" y "las izquierdas" que, a través de sus ejércitos se fortalecen en Colombia y nos subyugan a los ciudadanos.
Para conquistar la ciudadanía, no es recomendable la delación y menos cuando las prevendas se representan en dinero o beneficios particulares. Se deben privilegiar los comportamientos éticos y justos, que acudan a mecanismos reconocidos por las buenas costumbres, como aquello de señalar los errores a quienes los comenten, especialmente cuando estos erreres recaen sobre comportamientos dañinos para el bien público (por ejemplo: arrojar basuras en las vías o a las corrientes de agua, cruzar semáforos en rojo) y, también debemos acudir a los mecanismos establecidos por la ley, como la denuncia. Debemos condenar y desterrar de nuestras conductas, aquellos comportamientos propios de las organizaciones criminales como la delación. Además, es indispensable generar condiciones de gobernabilidad y confianza que deben partir del ejemplo que debemos dar todos los ciudadanos que podemos acceder a los beneficios de la educación y de los servicios públicos. Este ejemplo debe partir, especialmente, desde los gobernantes y los legisladores.

*Profesora, Universidad de Ibagué.