martes, enero 11, 2005

Un problema Granda

En un sentido amplio, el concepto de Soberanía Nacional es prácticamente aceptado universalmente como: aquél poder que reside en el pueblo y se ejerce por medio de su voluntad a través de órganos, herramientas e instituciones consagrados de ente mano en un documento común a todos los suscribientes llamado constitución.
Pero el orden inmaterial de las ideas contempladas por la democracia, también nos conduce a pensar en el sentido de las fronteras y las jurisdicciones como el poder de ejercer justicia realmente soberana, es decir, basada en un sistema equitativo, consecuente con las libertades y un proceso judicial coherente.
Pero... ¿Y si un supuesto igual a mí Nación está violando el sentido común de la justicia amparado en políticas supraretóricas y para colmo salidas de la realidad por el solo echo de buscar una razón válida por la cual delinquir, entonces yo, como representante del estado y constitucionalmente obligado a cumplir con una misión qué hago?
Entonces hacer el bien y el mal al mismo tiempo suele ser el pan de cada día pagado con las traiciones y los enigmas prácticamente igualando al crimen organizado. Lo cierto es que no hablamos de niños jugando a la pelota, sino de Naciones realmente constituidas y reconocidas mundialmente pero que juegan a la diplomacia como si se tratase de una partida de cartas plagadas de comodines. Claro que tampoco es bueno hacerse de enemigos que no están a la altura del conflicto, pero la duda a veces invade hasta a los sabios y así pues ni modo. El tiempo pasa y el trance aumenta (El pasado es real y no se puede esconder por más que se intente gracias a la utilización de los medios de comunicación y la masificación de las prohibiciones a la libertad de prensa y en últimas, ningún estatus político viene a ser consecuente con la democracia) mientras los problemas van progresando inversamente direccional a la verdad.
Pero... ¡Es que estamos hablando de un criminal. De un delincuente! Y algo tenemos que hacer.
Si, la verdad es que se violaron derechos y soberanía de otros en aras de una captura, pero resulta que nuestros vecinos que se dicen tan demócratas no hacen nada por colaborar (así sea poniéndose a un lado, que es lo único que se pide) con nuestra endeble soberanía y más bien patrocinan más situaciones atroces. Entonces... ¿No podríamos pagar con la misma moneda? Realmente sería justo y nada apartado de una equiparación relativa de cargas políticas y sociales. Por su parte, Norte América demostró con la Doctrina Camarena que si se puede y debe hacerse si no se encuentra otro camino posible y la diplomacia a perdido todo su sentido en el intercambio de documentos de cancillería a cancillería.
No estoy justificando la captura de un nacional colombiano por parte de los efectivos de Colombia en suelo extranjero, pero si no había otra opción porque Venezuela evidentemente es territorio guerrillero... ¿Qué más se puede hacer... ah?
Por otra parte y como se entiende en un contexto real lo sucedido, lo que antes nos parecía un problema de ideologías políticas, ahora se nos presenta como una situación meramente económica y nada más. Unos por lado, cuidan al que paga el arriendo de la ciudadanía y de paso alegan porque el dinero que pagaron por la captura fue a dar a simples policías (pero es que ellos pusieron el pecho y semejante acción merece respeto) y los de aquí, seguro están detrás de las cuentas bancarias que maneja el individuo que se capturó.