martes, enero 04, 2005

A simple vista

Normalmente, la verdad suele ser la visión personal de algunos y no refleja la realidad objetiva, pero a esos pocos, a veces les quedan huecos que no pueden tapar ni con sangre; así que a pesar de sus denodados esfuerzos por rescribir algún pasaje de la historia, con un poco de suspicacia se puede vislumbrar un rayo de autenticidad sobre lo que más o menos pasó en verdad o que se acerque a ella así sea de forma tangencial.
Siendo sinceros, admito que no hay que ser un genio, un nerd o un mago para comprender a simple vista que no existe secreto oculto entre cielo y tierra. Todo sin excepción, algún día se debelará; normalmente solo debemos leer con paciencia el poco material con el que contamos y de él, así no lo creamos en un principio, se puede descubrir algo.
Y eso fue lo que exactamente me ocurrió cuando me topé por casualidad en una investigación bibliográfica para poder estructurar un cuento de la época en que Jesús vivió en Palestina, su mundo y el control generalizado por el Imperio Romano. ¿Quieres aprender de Jesús y de los Apóstoles? Pues tienes que ir directo a la fuente por naturaleza, es decir, será obligatorio remitirse a la lectura juiciosa de la Biblia Católica y en especial, del Nuevo Testamento, representado en el cuerpo de los Evangelios. Bueno, los cuatro (4) Evangelios reconocidos por la Iglesia Católica, que es lo que más tengo a mano. Así que a leer se dijo porque el tema tras de que es largo como una semana sin carne, es árido por el estilo.
Como el tema en cuestión terminó generándome más y más preguntas que la propia Biblia no podía responder (ni mis amigos teólogos por sus obvias inclinaciones) terminé metido de cabeza en otra clase de textos, es decir, libros que contenían análisis hermenéuticos, históricos, caligráficos, sociológicos y antropológicos, semióticos, y de tipología sobre los Evangelios.
A simple vista y por trabajo propio concluí cuatro cosas:

1. A Jesús le quitaron todo lo que tenía de humano para transformarlo en una figura meramente divina, pero dejaron muchos vacíos que lo hacían ver más humano de lo que se puede suponer.
2. María Magdalena es la misma María de Betania.
3. El “Discípulo Amado” no es otro que Lázaro.
4. El mismo que escribió la versión primigenia del Evangelio de Juan es el “Discípulo Amado”, o sea, Lázaro. Y eso si que cambia las cosas.

Recuerdo que Fito Páez dijo en una de sus canciones (creo que en Dos en la Ciudad; no estoy seguro): “... ingenuidad no es ninguna boba”. Que vaina, la verdad, siempre había estado allí y no lo había descubierto antes a pesar de las tantas veces que me habían repetido el mismo cuento una y otra vez en misa o en clase. Yo mismo lo había leído de chico y toda era tan simple, la verdad “...estaba en un mismo lugar, y bajo la misma piel, en la misma ceremonia”, tan de frente que era imposible que la viera si no me alejaba un poco, que fue lo que efectivamente pasó. De aquí en adelante solo son conjeturas, ustedes disculparán si los insulto por la falta de pruebas, pero vayan y se pegan una leída de la Biblia y me comprenderán.
Así que luego de hacerme una idea muy personal de las dichas conclusiones heréticas que brotaban de mí torcida imaginación, me di a la tarea de buscar y leer lo que decían respecto de conclusiones que debían haber salido de la cabeza de otros y que por supuesto debían ser análogas, pero mejor estructuradas y hasta comprometidas en y con investigaciones o estudios serios y de verdad y no un llano acto de conocer como mí intento de estructurar un contexto para uno más de mis descabellados y neuróticos personajes. Pero lo cierto era que como Perceval, empezaba yo también a dudar.
En el libro de un alemán protestante (no me acuerdo del nombre del tipo) que analizaba el contenido de los Evangelios de forma escueta, se colegía que los Evangelios de Marcos, Mateo y Lucas eran anteriores al de Juan. Según el germano, según su caligrafía y estilo, debían proceder del año sesenta y algo y el de Juan, pues era como del ciento doce. La diferencia de tiempo entre los el primer grupo y el cuarto Evangelio era sumamente sospechosa, así que el investigador alemán luego decía que el Evangelio de Juan había sido editado o modificado para la mentalidad griega en la región del Éfeso (o sea, en la Arcadia). Lo que nos indica que sus modificaciones fueron producto de una mente griega pero para mí sorpresa, en todos los libros que busqué, terminaban concluyendo que a pesar de ser el Evangelio más reciente, era en el que más se podía confiar, a pesar de la infinidad de reformas, mutilaciones, tergiversaciones y traducciones.
El libro más serio que conozco sobre investigaciones teológicas es en realidad formado por varios libros escritos (Las Máscaras de Dios) por el grupo de trabajo de Joseph Campbell, y él, para mí sorpresa, decía exactamente lo mismo que el alemán, solo que mejor explicado y hasta con análisis semiótico paso a paso. ¡Y eso que el libro era anterior al descubrimiento de Kunram!
Bien, es curioso, pero los cuatro Evangelios se contradicen en fechas (la entrada triunfante como el Mesías de Jesús a Jerusalén); Lázaro es nombrado pero de forma irrelevante (y se supone que es uno de los milagros más significativos) en el primer grupo de los Evangelios, pero en el de Juan, su papel es preponderante, casi se podría decir que equiparable al de Lugar Teniente de Jesús o su mano derecha (ya veremos la razón). Luego me di cuenta de que había algo que estaba pasando por alto y era la extraña relación entre Jesús y María Magdalena. Se me hacía imposible que un Rabí (es que en casi todos los Evangelios tratan a Jesús de Rabí o sacerdote) fuese amigo de una prostituta o de una mujer adúltera, que sería la otra interpretación que se podía sacar de María Magdalena según la mitología juedeo-católica. ¿Cómo era posible que un sujeto tan casto fuese amigo de semejante mujer? No, eso no me cuadraba, pero todo se empezó a aclarar en el momento que me crucé con la imagen de María de Betania (la hermana de Lázaro) que según se comprende y las normas de comportamiento de la época que se encuentra en cualquier libro de historia, era con Jesús como la de una pareja. Veamos: Las bodas de Caná definitivamente es un matrimonio de ricos, nunca de pobres y los que dan ordenes son María (la mamá de Jesús) y Jesús quien es el que termina (de forma milagrosa) convirtiendo y entregando a la comunidad asistente una cantidad de vino impresionante. Caramba, la entrega del vino solo la hacía el novio según las costumbres de la época y para colmo, había un mayordomo que les ayudaba en la dichosa fiesta. Por otra parte si Jesús era un Rabí como lo dice en todos los rincones de los cuatro Evangelios universalmente aceptados, él debía ser un sujeto instruido, estudiado y en ningún momento un pobre podía optar por tal posición (si nos fijamos bien, casi todos los Apóstoles eran ricos) y según las leyes de la época, un para ser Rabí se debía estar casado, ser célibe era considerado prácticamente un delito y si él lo hubiese sido, los Evangelios lo atestiguarían de frente y Jesús se habría distinguido por ello, pero en ningún lado es mencionado tal detalle. Digamos que aceptamos la posición teológica moderna de que Jesús era Esenio y hasta que era El Gran Maestro del que tanto predican los Evangélicos: entonces, definitivamente tendríamos que pensar que estaba casado, porque de lo contrario, nunca habría podido ser parte del movimiento Esenio por ley, pues la reproducción y la formación de una familia eran fundamentales para alcanzar la iluminación necesaria, según dicho credo. Pero por el contrario, si pensamos en Jesús como un Celote (o sea, la otra tendencia), la cosa es peor, porque el ideal de la secta era pelear política y militarmente contra el yugo romano y para ello se necesitaban soldados, así que había que reproducirse como fuera.
Bien, si pensamos en todo ello, ya le estamos dando a Jesús una postura ya humana, y en consecuencia, no es descabellado suponer que estaba casado por simple necesidad y si él era El Cristo (término que proviene del griego Cristus; que significa Mesías o Rey, pero desde la concepción militar y política) lo cual supone que venía de una familia aristocrática, es decir, eran descendiente de David o de Benjamín y en consecuencia, si él en realidad deseaba ser El Cristo, debía fortalecer su posición, pero de forma política, así que... ¿Qué mejor que un matrimonio con una aristócrata como lo era María de Betania, la hermana de un rico terrateniente como lo era Lázaro y que a su vez, contaba con descendencia real? Ya aclaro este punto, es fácil suponer que cuando Jesús es elevado a la concepción de Hijo de Dios Hecho Carne, sus lazos de sangre y políticos quedaran totalmente en el vacío y en consecuencia, lo que hicieron los santos creyentes de la edad media, fue transformar a una buena mujer en el epítome de la corrupción (eliminando el lado más humano y sexual de Jesús), a pesar de que no pudieron eliminarla del todo de los Evangelios por ser una figura preponderante en el desarrollo de los acontecimientos que se describe en ellos y si le dio hijos a Jesús, pues aún peor.
Desde el principio del Evangelio de Juan, se entiende que Lázaro es el “Discípulo Amado” por la forma en que Jesús se refiere directamente a Lázaro y luego le imparte ordenes y a él es que encomienda Jesús su familia cuando le presenta a María como su madre y a la inversa de hijo a madre. ¿Será que también le confió su esposa? Pues si eran cuñados, lo más probable es que si, cosa que habrá sucedido también con los vástagos del Cristo. Habiendo dilucidado semejantes situaciones, ello explicaría mucho que ahora es para muchos un misterio, pero que en realidad no es más que un problema semántico y retórico, no divino y si muy humano.
Por otra parte, si la idea del Cristo en últimas era vencer al Imperio Romano, a pesar de haber sido asesinado en la cruz, parece que lo logró al final de cuentas. Porque los Evangelios evidentemente tienen un corte tan Greco-Romano que impresiona. Por ejemplo: Dios es pintado casi como Zeus (con la barba, los rayos de luz que le salen de las manos y esa imagen de la belleza perfecta de Occidente encarnado en el perfil masculino de un griego); Hermes pasó a tener las alas en la espalda (como los modernos ángeles) o ser idealizado como una paloma (total, este mensajero también vuela); Jesús ha sido equiparado con Apolo en casi todo; María es Atenea o sino, la Diosa de los Celtas y así sucesivamente hasta el punto en que lo único que se hizo en realidad fue cambiarle el nombre a los dioses y semidioses Romanos y ponerles una que otra cualidad Judía y ya, eso es todo. Pero como se supone que la Iglesia Católica debía formar parte del Imperio Romano o mejor, destruirlo desde adentro, el mensaje contenido en los Evangelios no podía ser un esfuerzo ni bélico o político contra Roma, sino todo lo contrario. Por ello en el Nuevo Testamento se presenta a los Romanos como un pueblo sabio aunque duro, se elimina por completo la noción histórica del yugo y la lucha judía por la emancipación se transforma hacia la personificación del mal.En los demás aspectos concernientes a la mitología Católica provenientes del Nuevo Testamento y que terminaron degenerando empalagoso cuento chino que es el Santo Grial o en la discusión sobre quién es en realidad la Piedra Angular de la Iglesia Católica (¿Pedro, Lázaro, María de Betania, la Magdalena, los hijos de Jesús o Pablo de Tarso?) es mejor no discutir o investigar, ya no hay razón aparente para ello.
Entonces y para concluir, todos los textos sobre conspiraciones teológicas de o en Occidente, tomando en cuenta estudios serios, investigaciones, cuentos o novelas sobre el tema, son una pérdida deliverada de tiempo y esfuerzo, nada más.

2 Comments:

Blogger Samuel Roca said...

Jesús el Cristo dijo: "amaos los unos a los otros en los blogs.... y lueguito, os matais lentamente..." creo.... jejeje

5 de enero de 2005, 9:10 p. m.  
Blogger Samuel Roca said...

Mañana en la tarde posteo la segunda parte del ensayo sobre el análisis (personal) de los Evangelios. Se llamará "A Simple Vista II".

7 de enero de 2005, 10:46 p. m.  

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