domingo, enero 30, 2005

El Rey De Los Semáforos

No es la tarjeta celular prepago con apariencia de tarjeta de crédito; el libro de algún genio que está de moda y obviamente debe ser pirateado; el disco vallenato descriteriado también muy pirata; la maquinita de contrabando para adelgazar mágicamente en quince días; la sombrilla china que se desbarata con el primer aguacero; la docena de limones que parecen uvas; la desagradable publicidad de Ola en pancartas haladas por muchachos sin trabajo; las mandarinas amarillentas por el polvo; las gelatinas de pata en bandeja de plástico con las que se podría edificar un rascacielos; peinillas- cepillos y shampoo en sobres; artesanías de dudosa procedencia; el gamín ensucia vidrios con su botellita de agua con Fab y la escobilla de caucho pegada con Boxer mágicamente al palo de una escoba; El Tiempo y su publicidad Estatal recalcitrante o la edición recalentada del domingo de El Espectador; la película de cartelera en versión VCD o VHS muy mal pirateadas; las bambas – moñitas – hebillas o cuanta pendejada plástica se puede vender contando muñequitos y mamarrachos de los programas infantiles de TV; ni mucho menos es la toalla, la bayetilla o los extintores para automóviles llenos agua y maisena, o también se podría pensar que es la descomunal miseria expuesta por los cientos de miles de desplazados a la fuerza, el polocho que se esconde detrás del primer poste o árbol que puede para poner una multa y gozar de la mordida o el chantaje porque aquí nadie sabe lo que es una direccional, el pico y placa o una luz roja, la patinadora curvilínea que mete a la fuerza por las ventanas de los autos volantes de cualquier cosa (menos de algo que valga la pena); o el típico trancón de las horas pico y a la postre el programa de radio donde el locutor dice cualquier pendejada para captar audiencia como en La Luciérnaga o La Zaranda o en último caso, algún chisme del politiquero de turno, sino que es nada más y nada menos que el muy disimulado Bombon-Bun… que de humilde no tiene nada. La bolita con palo manda.De él se venden al mes un millón doscientos cincuenta mil unidades en todas sus facetas, olores, colores y sabores. Si usted lo creía un simple dulce con un palito abajo, de donde agarrarlo sin untarse y nada más, pues se equivocó. La corona de celofán adornada con dibujitos de colores chillones y formas bizarras engaña al ingenuo que no sabe de gustos ni de negocios (cosa que es la más importante). Él, que no vale más de doscientos pesos colombianos en una tienda y que en semáforo por caro le saldrá por cuatrocientos, vale más que una simple tonelada de oro endulzada con los sabores del trópico.