jueves, enero 13, 2005

Cuestiones de Arepa

No es que sea un problema de adolescencia tardía, de adultez temprana sino social. La cosa es simple en una nación como Colombia donde las divisiones socioeconómicas son fácilmente apreciables:

A. El estrato 6 se cree europeo

B. El 4 y el 5 se creen Norte Americanos

C. El 1 el 2 y el 3 se juran maxicanos

En realidad, lo curioso no es descubrir eso (todos sabemos en Colombia que esa es la única esperanza como para pensar que se tiene un lugar lejano hacia donde escapar de tanto problema. Pero siempre estaremos solos así nos declaremos inocentes, vivos o enterrados) sino aquellos que se encuentran flotando entre los sueños de los demás. Con éstos últimos me pregunto si están a la altura del conflicto.
Aquí la gente se engloba y la dejan englobarse; la educación no sirve para aterrizar sino para diseñar más aviones de humo.

Pongo tres de ejemplos clásicos como para que la cosa sea más clara y de los cuales fuy testigo presencial y no de oídas. No te asustes:

Primero. Un día cualquiera del año pasado estaba sentado en un café de mí ciudad y llega un amigo, con cara de preocupación que generaba miedo y me pregunta antes de saludarme, “¿Sam, leíste el informe de prensa de la Williams, sobre el consumo de combustible en la última carrera?” La verdad quedé atónito. Esperaba que me dijese algo diferente y realmente serio, como que había perdido su empleo o que estaba pasando por una mala época de depresión psicológica o económica, pero.... ¡¡¡si en la casa ese chico ni un Renault 4 destartalado hay!!!! Luego, me aseguro que como Scalabroni, él se iría a Italia a ver como iba el progreso del diseño.

Segundo. Un día iba yo caminando hacia la biblioteca Darío Echandía y me topé con una niña (Claro, ella tiene como 25 años ya) que hace rato no veía (quizá un par de años o más), casi que ni me saluda (y eso que hasta nuestro cuento raro tuvimos) porque estaba jugando con un celular que me dijo muy contenta mostrándomelo, se lo habían traído de Miami, y luego agregó “Es que Miami es muy bonita, nada como esta porquería de Colombia. Digan lo que quieran los ñeros, pero Miami no es Cali con playa”.

Tercero. Como para escribir un cuento me gusta buscar información (como para no embarrarla tanto), me dio por meterme en una de las plazas de mercado de mí ciudad, para ver cómo es que hablan y se desenvuelven los que se dedican a vender y comprar comestibles en tan singular microcosmos social. Toda la música que se escucha en los estrafalarios equipos de sonido portátil es ranchera (mexicana) o sino, “el disco de moda” es un corrido, pero de los prohibidos, de esos que le cantan al héroe delincuente y al despecho (o tusa). Así que me acerqué y le pregunté a un muchacho que estaba vendiendo frutas, qué le gustaba hacer en sus ratos libres y me dijo “huy mono, jetiar aguardiente o unas amargas escuchando unos güenos corridos. Porque eso si es música, catié y verá que dicen la puritica verdad, como “Billete verde” o “Rata de dos patas”

Siguiendo éste mismo orden de ideas, resulta que Colombia es plurietnica y cluricultural, lo que nos conduce a pensar que la noción de Patria o Nación debe ser un acepción supremamente abstracta pero al mismo tiempo, para mí sorpresa, unificada.
Los costeños de la Mar Atlántico entre ellos son muy diferentes. Los guajiros parecen primos no muy cercanos (culturalmente hablando, claro) de los habitantes de Córdoba, Sucre, Cesar, etc. Mientras en Barranquilla la salsa parece ser el instinto ciudadano con la champeta y el reguetón, en Cesar o en la Guajira el Vallenato aún es la voz del sentimiento. En el Departamento del Atlántico hay alambiques por todos lados y curiosamente, la policía misma va y compra allá su propia ración de ron, mientras en Córdoba y Guajira el “amarillito” es lo que se toma porque es muy barato.
Los “paisas” entre si, son algo diferentes, “pues, ave María, parce...” los antioqueños tienen costumbres diversas si los comparamos con los amables ocupantes del Eje Cafetero. Nada más hay que degustar una arepa en Armenia para descubrir que sabe muy diferente a la que hacen en Berrio o en el mismo Medellín. El impulso comercial de todos es parejo, pero la amabilidad del quindiano parece ganarle la delantera al paisa, a pesar de que las industrias son de Medellín.
Los santandereanos (y los del Norte de Santander también) tienen sus extrañas similitudes con los tolimenses así queden un poco lejos los unos de los otros. Los tres son recios, templados y cocinan tamales, pero la lechona es tolimense y no lleva arroz, como se la vende en Bogotá. Y resulta que los tamales de los tres departamentos son realmente diferentes y sin embargo, deliciosos en su propio estilo y naturaleza.
Los vallunos y los chocoanos tienen mucho en común, pero las tendencias étnicas los distinguen. El sancocho del Valle no tiene mucho que ver con el sancocho de pescado de Buena Ventura y las cocadas de del Valle si que saben diferente a las chocoanas.
Los habitantes de los llanos son tan parecidos a los llaneros venezolanos que uno se pregunta si pasó alguna frontera; pero lo curioso, es que de Bogotá a Villavo uno no se gasta más de tres horas. El arpa y la mamona llaneras, son tan comunes a todos, que las adaptaciones se ven por todas partes, como sucede con “cerdo a la llanera” o en restaurantes gourmet escuchar la hermosa tonada de un arpa llanera. Y aún así, nunca hemos traspasado la frontera.
En Nariño y en el Cauca, la situación es por el estilo, pero uno se pregunta en el Cauca si está en Valle aún, en una extensión de Nariño o en los dos al mismo tiempo. Claro que con los pastusos la cosa cambia un poco y nos acordamos del efecto que se siente en los llanos de la influencia de las fronteras. La Fe y el folclor en estos dos departamentos son tan arraigados, que da la sensación de que se está entrando a otra nación.
Curiosamente en el Altiplano la cosa no es tan diferente como uno fuera a creer por tratarse del interior del país; la verdad, es un reducto de igual a todos los rincones y ninguno. Como Boyacá y Cundinamarca son el centro de Colombia (físico y político) podemos encontrar de todo un poco además de las costumbres de los lugareños. El ajiaco y la masamorra son parte de la cultura colombiana tanto como el vallenato, el sancocho valluno o la parva paisa. Bogotá reúne a toda nación en sus seis millones de habitantes en la loca ambición de la convivencia pluricultural y étnica que ni hemos notado; sin importar la procedencia, El Distrito es el mejor ejemplo de que Colombia en realidad existe, no como concepto solamente, sino como elemento concreto del desarrollo social de una Nación. Si, pueda que Bogotá sea para todos una locura por su tamaño, la población desmedida y hasta el desorden, pero nadie puede negar que allí siempre hay un rinconcito para todos. Boyacá por su parte, nos guarda parte de la historia de emancipación y hasta fósil; sin lugar a ninguna duda, es la plaza ideal vacacional por cuanto su gente es amable y el paisaje es hermoso además de ser una de las despensas alimenticias más importantes.
Pero lo cierto es que de las cosas que nos sentimos orgullosos como Nación nos queda ya muy poco porque no nos pertenece o simplemente lo estamos destruyendo cínica y sistemáticamente. ¿Atenas suramericana? No lo creo... nuestra cultura está migrando desde hace más de sesenta años hacia la violencia generalizada en los campos y trasladada a las ciudades en los desplazamientos obligatorios y en la concentración de riqueza en los mismo núcleos. ¿Colombia sinónimo de democracia? Eso si está como difícil con tanto problema social, insurrección armada (de derecha o izquierda, total, son la misma cosa), la falta de garantías políticas, la inseguridad jurídica, el abrumador avance de la censura y la militarización de la convivencia ciudadana.
Nuestras bellezas naturales ni siquiera son fruto de nuestro trabajo, antes al contrario, cada día desaparece gran parte del bosque nativo, de páramo, selva y nadie hace algo decente por preservarlos. Escuchar de la existencia de un tigrillo es prácticamente un mito urbano; en los páramos se cultiva la flor maldita (amapola) y en lo que antes eran los montes, pues se cultiva es coca o marihuana.
El Transmilenio del cual se sienten tan orgullosos los bogotanos, no es más que una copia vil del sistema de transporte público de Portland en el Estado de Oregon (USA) o los tantos sistemas de buses en Europa (vaya y se dan cuenta). De original, el Transmilenio no tiene nada más que las ganancias para quienes son los afortunados dueños de los buses, porque el Distrito no recibe sino el 7% de la totalidad.
Medellín nunca necesitó un metro y mucho menos elevado y su industria hilandera está a punto de quebrar gracias a los tratados y el avance descomunal de los chinos en esclavitud industrial y que vende tela como si se tratara de nada. Barranquilla no tiene un puerto apto para la llegada de cargueros de gran calado y las dragas que se han comprado son una estafa completa y para colmo, Colpuertos quebró gracias a la burocracia, y la inestabilidad judicial. El Valle y el Tolima están plagados de traquetos y narcotraficantes de la nueva ola, es decir, por profesionales recién graduados de las universidades o empresarios que vieron como una buena opción económica ganar dinero gracias a los fármacos ilícitos. Antioquia vive una guerra entre paramilitares y guerrilleros (guerra inexplicable, por cierto) comparable con la de los llanos por las regalías emanadas del petróleo. Todas las ciudades se están llenando de “chicas prepago” y de clínicas clandestinas de abortos y de cirugía plástica que nadie con decisión de poder político y social parece ver. Las universidades no cuentan con investigadores realmente serios y aterrizados que fortalezcan la poca industria que tenemos, porque al parecer, los dichosos investigadores necesitan aceleradores de partículas, túneles de viento y computadoras de inteligencia artificial para poder desarrollar sus dichosos proyectos. Y para terminar de completar el cuadro de bellezas de nuestra Colombia, resulta que el sistema de educación cada vez está peor o aún más atrasado respecto de las realidades y el sistema económico imperante en la región, que a todas luces es el capitalismo salvaje. La pobreza es tan generalizada que ya se empezó a notar en cada esquina de los pueblos y ciudades; pero como el colombiano es un muchacho recursivo, la migración allende la mar es tan alto que ya no existe una población adecuada para competir económicamente con otras naciones gracias a los tratos; pero lo peor de todo es que no están viajando al exterior solamente profesionales, sino también profesionales especializados y hasta con doctorados. Se supone que la pobreza es de más del 65% en cifras oficiales, así que en una realidad objetiva sería posiblemente superior, mínimo en un 10 o 15% más; es que aquí nadie le puede creer al DANE, lo cual nos deja entrever que seguridad social no tiene nadie que en realidad la necesita. Los hospitales que no están quebrados, ya llegaron a tal carnicería hace rato, porque como cosa rara, los recursos para ellos nunca llegaron y lo que pudieron hacerlo, pues se lo tragaron en pendejadas, los sindicatos de los robaron o sus directivas. De vías estamos llevados: ¿Cómo es posible que se cobre hasta seis veces el mismo impuesto y las vías sigan igual de mal e inseguras tanto entre los departamentos y municipios como en las ciudades y pueblos? Los aeropuertos (hasta El Dorado) parece una pista de juguete para aviones de papel, pero eso si, Aerocivil es el mismo ente regulador y sancionatorio que todo le parece que está bien. La guerrilla cada vez es más poderosa y los paramilitares también: muerte y más muerte, más delitos de toda naturaleza y nada, todo sigue empeorando para el ciudadano normal, pero para el criminal el panorama es más atrayente.
Aquí es donde uno se pregunta ¿Cómo es posible que aún sigamos siendo una Nación? O también... ¿Se imaginan si fuésemos como algunos pueblos que viven agarrados entre sus propias etnias?
Pero el mayor problema de todos en Colombia o de los colombianos es que no soportamos el peso de la verdad y sus honorables consecuencias.

1 Comments:

Blogger Samuel Roca said...

Ustedes disculparán la falta de confianza, pero tampoco creo que Colombia sea solo exista en un partido de fútbol

14 de enero de 2005, 12:36 a. m.  

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