lunes, noviembre 22, 2004

Del Silencio...

Alguna vez leí o alguien me dijo que la soledad era el fruto de los actos propios, pero últimamente los ecos huecos en el silencio de la pregunta sin respuesta me han enseñado que no es otra cosa que un simple reflejo del estado del alma. Descubrirlo no es gran cosa, lo que realmente es relevante de tan prosaica situación, es que no me sorprende y hasta me agrada. Debe ser la inenarrable fuerza del efecto en la voluntad de poder.

domingo, noviembre 21, 2004

La Hermana Georgina

I've got it all,
but I feel so deprivedI go up,
I come down
and I'm emptier inside
Tell me what is this thing that I feel like I'm missing
And why can't I let go
"More To Life (There's Got To Be)"
Stacie Orrico

Este post es preparatorio para el que vendrá por estos días, respetados y asiduos visitantes a este intento infructuoso de blog (o viejas páginas de visitantes). Es que como he recibido varios correos preguntando “¿Qué pasó con el horroróscopo, por qué no siguió?” Y también.... “¿Quién es la bruja esa?”. Obviamente, casi todos son correos de un primo, pero correo es correo y si son de los lectores, hay que darles la importancia que se merecen. Así que me di a la tarea y por fin pude localizar a la dichosa “Hermana” Georgina y le pregunté: ¿Usted quién carajos es? A lo que ella respondió más o menos así:
“Mí queridísimo chicuelo preguntón; yo soy solo que ves”
Obviamente yo veía a una tipa (mujer) de más o menos unos ochenta y tantos años, con el pelo tinturado de rojo (como todas las señoras que se untan Henna en el pelo para tapar las canas), con arrugas en las arrugas y con tanto maquillaje que tranquilamente si se estrellaba o sufría un accidente automovilístico iba a sufrir menos daños que Juan Pablo Montoya con su casco de F1. Por ello casi le contesto: “¡Eso es OBVIO!!!!” pero me contuve y mas bien afiné la pregunta... “No... Hermanita, lo que yo quiero saber es ¿Por qué el título de Hermana (Acentué la primera bocal para dar entender que respetaba el título que ella se imputaba), de dónde viene usted, por qué se llama Georgina y no de otra manera, dónde estudió las artes de la adivinación?” A lo cual, la anciana muy amablemente me contestó con una pregunta, que alcancé a pensar iba a ser “¿Y a ti que te importa, cagón de mierda?” pero no, simplemente me preguntó “¿Desde donde quieres que arranque?”
Conteniendo mí ira ante soberana forma de ser, me tocó contarle de los fanáticos que ahora tenía en la Internet (y de paso explicarle que es una página web, o mejor, un blog) y que tanto preguntan por ella y esto fue lo que más o menos me contó en su propia casa:
“Nací en un caserío muy chiquito que ahora es pueblo y que se llama Ataco. ¿Sabes? Allá aún trancan las puertas con muertos y endulzan el café con pólvora. Muy rapidito aprendí a rezar por si las moscas y porque se puede seguir vivo, a calentar y hacer la agua de panela y el café cerero con aguardiente, a preparar arepas antes de que saliera el sol, de esas redonditas como huevos medio estripados pero que todavía no han salido del cascarón y frisolitos con garra cuando había plata, a barrer de pa´ fuera con mucho cuidadito porque se podía meter una alma sola de esas que se le salen a los muertos que dejan tirados en las calles y los cruces de caminos, a peinar viejas sordas que me dijeron eran mis tías y una de ellas mí madrina y a cantarle a mí hermanito villancicos para que se durmiera, todo eso, antes que a leer y a escribir y no conocí una bicicleta hasta que llegué a un convento en la Ceja, por allá en Antioquia; donde por fin, a los 14 años me enseñaron a leer algo más que el tabaco y escribir los garabatos mágicos que mí madrina antes de morirse me hizo prender a garrotazos porque yo era muy distraída, pero que ella decía, servían para amarrar a los hombres y despertar a los espíritus. Carajo, es que siempre he tenido suerte para estas cosas de las magias y la brujería y hasta me aprendí algunos nombres de matas que son muy buenas para algo más que quitar el dolor de pecho.
¿Qué cómo llegué de Ataco a la Ceja?
A pues mira chicuelo, me volví muy amiga del cura del pueblo, que era un cincuentón lo más de aburrido pero todo un lempo de hombre con el que perdí la virginidad una lluviosa tarde de diciembre empapada en vino de consagrar antes de la tercera novena. Él me hizo becar porque dijo que yo tenía vocación de ayudar a la gente necesitada y porque según él, Dios se merecía una sierva tan devota como yo y en ese pueblo, con lo ardiente que yo era, me iban a perder antes de los 15.
En el convento nunca tuve problemas con ninguna mojita que yo recuerde, ni me metí con el cura costeño y ruidoso que iba por allá de vez en cuando a ver a las novicias para “enseñarles a orar en serio”, como él mismo decía cuando las encerraba en una oficina que las hermanitas tenían destinada para él y sus religiosas visitas semanales (martes o miércoles, dependiendo del trabajo parroquial en el pueblo o visitas a otros conventos de la región). Llegaba a eso del medio día, preciso antes del almuerzo porque decía que si Dios hecho hombre bajaba de nuevo a la tierra, seguro se iba para nuestro convento a comer sancocho y se iba como a las cuatro, con el rostro muy compungido y la frente llena de sudor por la devoción que le imponía (según la hermana superiora) a todas y cada una de sus oraciones; de eso nada me consta, pero supongo que si la poltrona inmensa que en aquél cuarto había, seguro sirvió para algo más que adorar al santísimo.
Yo, que se diga, nunca fuy muy buena para rezar y esas cosas de la Fe, pero tampoco me costó trabajo madrugar o hacerle oficio a las ciento y pico de novicias, monjas, hermanas y hermanitas ya viejitas que regresaban para tener una vejez más o menos decente. Solo hacía lo que me pedían, pero eso si, aproveché todos y cada uno de los días de estudio en los monumentales y horriblemente silenciosos salones de clase y en la biblioteca donde te juro Sam, asustaban a cualquier hora que uno se metiera por allá a leer así fuera la misma Biblia. Bueno, todo hasta ahí fue sencillo y hasta un descanso a la vida dura del campo con mi papaito en la finquita que el abuelo Encarnación le había dejado a mamaita, hasta que me enviaron de misionera por allá a los llanos orientales, disque para catequizar a los indios, pero fueron ellos los que me catequizaron a mí y un mono me bautizó de monte.
Cuando llegué a lo que ahora es el Casanare, me instalé en un caserío de las hermanas de mí comunidad lo más de bonito, rodeado de cientos de árboles frutales, helechos que se extendían por cientos de metros a la redonda, flores de colores que nunca había visto y de pájaros tan extraños y con cantos tan expresivos que al principio me daban un miedo tan macho, que era como para carcomer los huesos. Pero era un rincón de humanidad lejísimos de cualquier cosa, hasta de Dios, pero como ya estaba acostumbrada a estar lejos del mundo o de la gente, me alegré por vivir de nuevo al aire libre y no ver muros de ladrillos, y así volví a ser la niña que había salido de Ataco unos años atrás. Por supuesto es muy diferente el campo al monte monte, que no es otra cosa que selva y fue allí donde conocí en las eternas caminatas por medio de caminos invisibles, el poder divino de la Madresita Naturaleza y mira como son las cosas de la vida, conocí a los últimos Tunebos libres que con sus menjurjes y brebajes lo curaban todo, hasta los males del alma y el corazón.
En aquellos verdes días de paz y rezos, ni la guerrilla se había aparecido por esos lares, ahy, porque nadie sabía que era el petróleo y su plaga negra. Es más, ni la policía iba por allá porque no había que ni a quien cuidar. La única escuela de la región (yo creo que en kilómetros a la redonda) la manejábamos nosotras solitas, o sea, las monjitas de la comunidad y hasta teníamos una cabaña que a veces era hospital y en otras hotel para visitantes y más de una vez hasta dimos a nuestro modo misa y ofrecimos la comunión al que quisiera, porque ni un cura quiso aparecerse y eso que pedimos en varias cartas que nos enviaran así fuera un estudiante de seminario, y por eso pasó lo que pasó.
Poco a poco fuimos mezclándonos con las culturas indígenas (es que las otras hermanas también eran como recién llegadas aunque eso lo descubrí al rato de estar en pleno monte) y el alma de la manigua empezó a penetrar hasta por los poros en todas y cada una. En menos de un año, gracias a los diálogos en un español a medias con los jefes de las tribus cercanas conocimos la Ayahuasca que nos mostró otras realidades tan aparte que una a la final empieza a dudar de todo. Aunque una no crea, hasta de la fe de Cristo.
Por esas mismas fechas, llegó una delegación científica nutrida por siete hermosos europeos (mira el milagro, el mismo número que éramos nosotras) disque para valorar el estado y las clases de fauna y flora de la región, clasificarlas y de paso hacer un catálogo útil para los naturalistas de ese lado del mundo y para nosotras (que ni sabíamos que matas o animales eran los que asustaban en las noches) pero a lo que en verdad venían los monos esos del otro lado del charco quedó muy clarito cuando los vimos chupando frascados de yerbas que como a las hermanas que nos atrevimos, a ellos también les hizo ver el otro lado del reino de Dios.
Gracias a ellos conocí el güisqui, que tiene un color muy parecido a la agua panela aguada pero que calienta más. Y hay que ver como calienta, porque hasta la rectora terminó con sus doce años de servicio al Señor, metida en su camastro con uno de los expedicionarios que hasta donde me acuerdo, era Belga. A mí me tocó Hans por sorteo implícito de miradas con las otras hermanas que ya habían escogido sus respectivas presas. Él era un Austriaco de ojos azules y medio saltones, de pelo parado y seco como el fique y que con el cigarrillo que apagaba prendía el siguiente. Eso si, fumaba más que puta presa y ahí se me pegó el gusto a mí.
Una noche de junio, de esas en que el calor es tan verraco que se le mete a una por la nariz como varillas hirviendo, llegó Yanhka arrastrando los pies entre el polvo (el chamán de la tribu de al lado) que tampoco era un viejo tan ingenuo como aparentaba o los expedicionarios creían. Nosotras le decíamos Tulio, porque ese nombre si era del señor y él se lo aguantaba y la verdad, parecía como un papá para nosotras en semejante soledad, pero esa noche llegó con el cuento de que al otro día iba a caer un aguacero de Padre y Señor Mío. Como siempre he sido una preguntona y el viejo había sido muy simpático con migo porque según él, yo me parecía a una virgensita como esas que estaban en el altar del salón comunal que utilizábamos como iglesia, me quedé con la curiosidad al ver el cielo toldado pero no lo suficiente como para una premonición de esas (casi todos los días había sido lo mismo y solo llovía en abril como para la Semana anta o en diciembre para la Natividad) pero al otro día, efectivamente cayó un diluvio tan impresionante que casi nos ahogamos, así que cuando me lo volví a encontrar le pregunté que como había echo para averiguarse tamaña cosa. Él, muy serio me contestó que en el humo y en las cenizas estaba la respuesta y así me enseñó a leer los cigarrillos de Hans, para saber si iba o no a llover, luego para tener una idea de lo que podía pasar al día siguiente y finalmente, para saber de la vida pasada y futura de las demás almas, pero muy rara vez de la propia. Ese fue mí primer encuentro con la magia. Como yo era la más joven, poco o nada de miedo me daba meterme en el monte con unos o con otros (indio o expedicionarios) en el tiempo libre (que era todos los días luego del rosario matutino y de dar clases de matemáticas a tres niñitos hombligones que no tenían el más remoto interés en saber lo que era un número) es que la verdad, siempre me han gustado las aventuras y como nací en el campo, soy muy buena para dar machete y ubicarme donde y como sea. Con Hans más de una vez nos perdimos, pero a punta de yerbas y tabaco regresamos sanitos y salvos ¿Cómo? Pues la verdad la verdad... no tengo ni idea, pero normalmente volvíamos cuando los demás creían que la selva nos había tragado para siempre, por eso, cuando me perdí con mí mono por primera vez, fue gracias a una creciente en que la canoa nos condujo casi hasta Venezuela, y nadie salió a buscarnos sino hasta que llevábamos más de dos semanas caminando y escurriéndonos de los animales que nos asechaban sin piedad y que nos miraban desde las sombras cuando nos daba por echarnos un polvito como para bajarle la espuma al nerviosismo; nos encontraron remando a contracorriente unos cazadores. La segunda vez que nos perdimos pude conocer por primera vez la capital, pero no me impresionó más que por el frío, porque eso si, bien fea si era por esos día; pero no más que ahora y supe lo que era un radio.
¿Qué? Ah... ¿Cómo fue fuimos a parar a Bogotá? Pues mira, resulta que él tenía un viaje aplazado desde unos meses atrás para ir a la Universidad Nacional a mostrar yo no sé que cosa a unos colegas y un día se despertó, me miró y me dijo en su español entre cortado con erres marcadas y con el siempre presente Das.... “¿Quierre irr a Bogotá?” a lo que contesté muy alegre “Ja!!” y nos fuimos en la primera barcaza que pasó sin decirle a nadie nada de la emoción.
En Bogotá vivimos en un hotelito de Chapinero como si fuéramos casados por dos meses en los que se nos olvidó hasta la selva, pero solo yo volví para decir adios pero por medio de una carta que se demoró en llegar casi tres meses.
A finales de ese año, nos embarcamos en un carguero Danés amarrado en Cartagena rumbo a Inglaterra, donde Hans tenía unos negocios que hacer y que luego resultaron ser nada más y nada menos que trabajos de espionaje. ¿Podría alguien creerlo? ¡De monja pasé a ser la esposa de un espía de la corona!
Ingenua siempre he sido, por campesina, pero bruta nunca; por eso me casé con Hans menos de una semana después de estar caminando de un lado para otro en Londres y sus alrededores y para completar el cuadro, por lo católico.
Los cuatro primeros meses de nuestra estadía en la tierra de la Reina, Hans se iba todos los días a eso de las siete en punto y regresaba a nuestro pisito a veces a las siete, otras a ocho de la noche, con una cara de cansancio pero de satisfacción cumplida que aterraba. Yo le pregunté que era lo que hacían tanto como para que llegara tan agotado; él muy diplomático como siempre había sido, me contestaba diciéndome que si me contaba luego tendría que matarme, entonces, los dos soltábamos una carcajada y hasta ahí llegaba el asunto. Pero una noche las cosas cambiaron porque no volvió sino hasta cuatro días más tarde y con un brazo remendado.
Esos días fueron infernales porque yo no hablaba inglés, nadie que yo conociera hablaba español y para colmo, estaba completamente sola. Ni siquiera perro teníamos porque los tres cuarticos que teníamos arrendados y que yo juraba que era un lujoso apartamento, no alcanzaban sino para unos poquitos muebles, un radio (me enamoré de los radios), una cama y una mesa. El invierno da muy duro en Europa, pero si uno está solo, la cosa es más fregada, sobre todo, si el marido de una no aparece por ningún lado y no hay modo ni a quién preguntarle. Cuando Hans llegó, no pude soportarlo y por primera vez en mí vida, de verdad lloré a moco tendido. No por la indignación, sino por la ansiedad, la zozobra, la impotencia y sobre todo, porque por fin mí esposo perdido había aparecido; es que perderse en el monte es una cosa y otra muy diferente en un mundo que está por entrar a una guerra. No me preguntes como, pero sin darme cuenta, fuy aprendiendo ese idioma de gesticulación tan marcada gracias a las clasesitas que Hans me daba cuando volvía y las tareas tan monumentales que me dejaba que hasta me hicieron aprender algo de alemán y así, poco a poco, me fuy conociendo con las vecinas, que no es que estuvieran en una realidad diferente a la mía y les caí en gracia.
Como no sirvo para quedarme quieta, me gusta el trabajo duro y pensar, una de mis vecinas me llevó a la oficina de un muchacho lo más de curioso que trabajaba en lo que parecía un galpón de gallinas pero de ladrillos. El chico no era más que un estudiante y tenía revoloteando por todos sus dominios (como el llamaba al centro de investigaciones) a un montón de militares, otros estudiantes y unos cuantos profesores que le miraban con recelo y unas cuantas chichas que organizaban y almacenaban todo lo que salía de la cabeza o del cálculo de aquél genio silencioso que andaba en bicicleta de un lado para otro y que yo juro que no sabía lo que era dormir. Es que siempre tenía unas ojeras que parecían de lechuza y era tan flaco que un viento se lo podía llevar lejos.
Con él empecé a trabajar sin contarle a Hans, que aún seguía en su entrenamiento hasta que un día yo llegué más tarde que él, porque el trabajo era monumental en la granja (como le decían los militares) y me tocó decirle ante la mirada suspicaz de mí marido, “Mira Hans, lo que pasa es que trabajo de archivista en la oficina de un chico de apellido Turing”. Él no dijo ni hizo nada durante un buen rato en que permaneció pensativo, simplemente se limitó a encender un cigarrillo y al rato me dijo “Ya lo sabía. Alan está loco, pero lo necesitamos”. Creo que se conocían, no sé como ni de donde, pero por la forma en que se expresó y la extraña sonrisa que se dibujó en el rostro de Hans, me hicieron comprender que el trabajo del chico era realmente importante. Nadie imaginaba cuanto.

Fin De La Primera Parte
(jejejeje.... quédense aguantando un par de días a que termine el resto, es decir, hasta que termine primero un trabajo para la universidad y listo el pollo)

sábado, noviembre 20, 2004

Carta abierta al Niño Dios

Querido Niño Dios:
Este año me porté muy bien: no dije muchas groserías, ni tampoco me emborraché más de una vez cada ocho días, no le puse los cachos a ninguna, creo que no tengo deudas porque no tengo un centavo en el bolsillo, cuando fuy al estadio juro que solo madrié por reflejo, este año no metí ningún billete falso que me hubieran metido (ya los voy a prendiendo a distinguir de los de Tío Rico), no me colé sino en dos colas (una era de cine y la otra para entrar a teatro, así que ninguna de las dos cuentan), solo se me olvidó darle la comida al perro como tres veces (pero por trasnocho), no patee a ningún mansito o vieja disfrazado de Barnie o de algo por el estilo, no le robé cigarrillos a nadie, mis herejías este año estuvieron sustentadas en el proceso dinámico de la historia y en la hermenéutica, solo me olvidé del cumpleaños de ocho personas (¿o serían más? Jodido recordar), además solo rajé de los políticos, de lo mamona que es la F1, lo torcidos que son los dueños de Millos, de los noticieros (con todo y sapitos, lo acepto; pero se lo merecen), de lo mediocre que es el sistema educativo en Colombia, de las guerrillas de derecha e izquierda (es que no hacen nada productivo) y los malditos reallitys que sinceramente son verdadero calvario y con ellos pagamos todos los pecados televisivos del mundo.
Por otra parte, querido Niño Dios, te cuento que tengo un promedio aceptable en la U, me baño de día de por medio, me afeito una vez al mes y me peino una vez por semana y hasta he bajo mí cuota de cigarrillos casi a la mitad.
Así las cosas querido Niño Dios, te pido dos favorsitos y si puedes, que me des una ñapita en uno. Por amor de Dios (o lo que sea, no me importa) no dejes que Pastrana, Samper, Gaviria, Turbay, Belisario, cualquiera de los Lopez (incluyendo al que se cree Faraón) sea presidente de nuevo con ese cuento de las reelecciones, preferible 12 años bajo el yugo de Uribe. Ah y otra cosita, a ver si se me hace el milagrito, quiero conocer una viejita que valga la pena y que dure un ratico.
ATT:
Sam Roca

viernes, noviembre 19, 2004

El contestador automático...

Como a las casillas de correo suelen llegar muchas porquerías, la vida normalmente es un mierda o a veces algunos realmente nacimos jodidos y tenemos el coco torcido (adentro, claro) desde el principio, quizá lo que necesitamos es un lugar donde le peguen una afinadita. La verdad, quizá todos nacimos para y en mundos aparte, solo que existen personas que pueden ocultarlo mejor; en todo caso, si usted no puede, léa lo que le podrían contestar en el conmutador de un psiquiátrico...

Esta es la grabación del contestador automático instalado en el Instituto de Salud Mental... "Gracias por llamar al Instituto de Salud Mental, su mas sana compañía en sus momentos de mayor locura.
* Si usted es obsesivo y compulsivo, presione repetidamente el 1. * Si usted es co-dependiente, pídale a alguien que presione el 2 por usted.
* Si usted tiene múltiples personalidades, presione el 3, 4, 5 y 6.
* Si usted es paranoico, nosotros sabemos quien es usted, sabemos lo que hace y sabemos lo que quiere. Espere en línea mientras rastreamos su llamada.
* Si usted sufre de alucinaciones, presione 7 y su llamada será transferida al departamento de Elefantes Rosados.
*Si usted esesquizofrénico, escuche cuidadosamente, y una pequeña voz le dirá cual numero presionar.
* Si usted es depresivo, no importa cual numero pulse. Nadie le va a contestar.
* Si usted sufre de amnesia, presione 8 y diga en voz alta sunombre, dirección, teléfonos, cedula, fecha de nacimiento, estado civil y el apellido de soltera de su madre.
* Si usted sufre de estrés post-traumático, presione lentamente latecla de # hasta que alguien se apiade de usted.
* Si usted sufre de indecisión, deje su mensaje luego de escuchar el pitido...o antes del pitido... o después del pitido... o durante elpitido. En todo caso, espere el pitido...
* Si sufre de perdida de la memoria a corto plazo, presione 9.
* Si sufre de perdida de la memoria a corto plazo, presione 9.
* Si sufre de perdida de la memoria a corto plazo, presione 9.

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martes, noviembre 16, 2004

Atrocidad Incompetente

Cuando estudiaba Derecho (leyes y jurisprudencia) la ingenuidad nunca me dejó ver más allá del discurso que me recitaban los docentes de lo que se suponía traía con sigo la Ley; no por el sentido mismo del sistema modular, sino por la política aplicada por la universidad al desarrollo del mismo.
El estudio de la leyes y el sistema político de una Nación, según comprendo, desde un proceso “modular” que al principio me pareció de lo más innovador, viendo primero las asignaturas introductorias, luego públicas, civiles, comerciales, penales (por fin) y laborales (donde se demuestra con claridad y crueldad escueta la vileza del espíritu humano) a la larga fue lo que me sacó por completo de la idea de lo que estudiaba era un elemento concreto del desarrollo social y más bien, me contextualizó antes del sexto semestre, en la realidad, y así concluí que la humanidad estaba condenada a sus males por gusto propio. Por conformismo político.
Nada más que leer de Stanislaw Lem, “Existe Mr Smith” (y que no es otra cosa que aparentemente un simple cuento de ciencia ficción) como para comprender que el Derecho penal es el que hace al hombre y no al revés. O también, pegarse una pasadita por las hojas de El Proceso de Kafka y Los Miserables de Víctor Hugo, como para saber que se puede confiar más en el infractor, que en la ley o sus ejecutores que en vez de ser imparciales, resultan siendo la “atrocidad incompetente”.
No me vengan con el cuento de que en Crimen y Castigo de Dostoievky, la cosa es a la inversa, porque deberían darme miles de razones y a la final, el sentido sería o terminaría siendo el mismo que en El Proceso o en Los Miserables.
Es que la cosa es muy simple, si la ley se supone es un silogismo perfecto, aplicable a la universalidad... ¿qué sentido tiene que existan diferencias entre unos y otros (o sea, los fueros)? Y en consecuencia, lo más lógico es que terminemos preguntándonos ¿vivimos a caso en una democracia? Si pensamos en el término utópico como respuesta, porque de vez en cuando tenemos la oportunidad de ir a las urnas, pues nos equivocamos; mas bien debemos pensar en la democracia viejita, esa que era para la Demos... en esa quizá si estamos y Moro y Bacon, ganan relevancia, así nadie sepa quien carajos es que fueron.
Se supone que la ley limita (por ejemplo) que mí libertad va hasta donde comienza la del otro, pero en un nicho realista, la cosa es a otro precio; el ejercicio del deber se convierte en una herramienta de poder y la propiedad privada (uno de los mayores ejercicios de la libertad capitalista de Occidente) es eliminado bajo el amparo del bienestar común: Contradictorio... ¿Si o qué? Por otra parte, parece que la ley está diseña de tal manera que promueve la existencia de la ilegalidad o de la infracción misma, para así, perpetuar el sistema caótico en el que vivimos; me explico: si por algún caso, un sujeto (sujeto a la ley, claro) le da por matar a alguien, será castigado dependiendo de su mal a la sociedad, pero si mata a más de uno, pues se agrava la situación del enjuiciado, pero si aniquila a muchos más (a punta de balas o de hambre que a la larga es lo mismo) pues ya no se le cuentan porque existen infinidad de herramientas para hacerlos “desaparecer” otra vez, o también está el otro caso que a la final es el más común en nuestra dolida Colombia, del pobre (ignorante sin oportunidades, desplazado con hambre y desesperado o simple ampón de acera) que hurta una gallina y le meten como 10 años de cárcel, pero eso si, al funcionario (de alto rango, claro) que se roba descaradamente 400 mil millones de pesos de los impuestos (es que el o la idiota ese creen que su labor en el cargo público que desempeñan es precisamente ese: robar y generar de un modo sistemático y desde el amparo del poder, más miseria) y lo peor de todo es que lo o la terminan premiando (por “vivo”, por “artista” o porque supo aprovechar el cuarto de hora en el cargo) con una embajada, un ministerio o una candidatura para el senado o la presidencia. Total, la ley es inventada (firmada y aprobada y hasta ratificada) y elaborada por aquél que espera plácidamente en su escritorio (con o sin uniforme verde, o sea, la verdadera atrocidad incompetente) que no se le aplique sino en favor y así las cargas se desnivelan y después preguntan porque es que pasan las masacres, la violencia generalizada en las ciudades, los desplazamientos forzados y se levantan insurrecciones o “revoluciones” de medio peso que lo único que generan es más violencia y miseria en nombre de un pueblo que lo único que pide es un poco de paz y equidad.
Juemadre, que tristeza, pero la realidad nos muestra una y otra vez que en este país de mierda legisla todo el mundo (desde impuestos de guerra provenientes del estado o del monte con las vacunas pasando por el 3 x Mil para que la república independiente de los bancos no deje de ganar un solo centavo a pesar de las atrocidades que hacen, hasta tener que votar para que a uno le den una pinche boletica o recorte que le bajará la matrícula en la universidad o le ayudará a uno a sacar un pasado judicial para aumentar la tramitomanía y fortalecer la burocracia), menos el hombre y la mujer del común, que son en realidad los que de verdad debería legislar para el beneficio de la sociedad.
Caramba, yo no pude a tiempo distinguir que lo que se suponía estudiaba (por estar inmerso en el cuento del idealismo adolescente de querer cambian al mundo) era una patraña, una mofa perfecta al sentido común y a la concepción más plana de justicia y todo, porque a los “genios” que se les ocurrió diseñar el sistema de estudio modular del derecho o de las leyes colombianas, no se les ocurrió mostrarme el espejo verdadero de la ley que es el derecho penal, desde el principio y sus implicaciones políticas.

Epígrafe: de las otras ramas donde el poder público está representado o estudiado, no hablo porque no tengo la más remota idea; así que lo siento. Pero en estos días, me voy a charlar con un médico a que me cuente cositas. Ha, y de los militares... pues eso es harina de otro costal y de muchas toneladas.

jueves, noviembre 11, 2004

Si alguien conoce otra identificación del mismo concepto, que avise

La soledad es el estado del alma en que el silencio se vuelve palpable. Disculpen que hable de mi, pero no tengo otro ser humano más cercano como para algo más.

martes, noviembre 09, 2004

Sancocho de Venus

Resulta que como soy tan malo para ver noticieros y sobre todo, tener que aguantar a los versatilitos de la TV, ahora resulta que me impusieron una tarea al estilo Misión Imposible que si no cumplo, mejor autodestruirme en menos de 5 segundos. Juemadre, que piedra, me toca gravar el dichoso reinado de Reinmundo (perdón, el negocio de Raimundo) porque resulta que algunas viejas colombianas que viven en la miércoles aún no se han civilizado lo suficiente en el “Primer Mundo” como para poder apartarse de semejante banalidad tan contumaz y antitética al sentido común de lo que en realidad es la belleza. Pero bueno, será seguirles la cuerda (ser consecuente con las ideas familiares) a las tías abuelas (por aquello del respeto a la edad, no por mas) y aguantarme a una mano de maniquíes tapizados en maquillaje y de cabello tinturado hasta en las partes “nobles”, rajando del atractivo (sexual, por supuesto) que ellas ya no tienen y soportar con resignación los triviales o ácidos comentarios sobre la celulitis, narices de plástico, puchecas de silicona, colas planas, canutillos, lentejuelas y los chistes estúpidos de todas y cada una de las víctimas (y victimarios de la investigación periodística) que por ganar vitrina publicitaria, es decir, con tal de entrar a los retorcidos medios de comunicación son capaces hasta de dejarse manipular y destrozar hasta de los adefesio de Reinmundo, Gloria Castaño, Amparo Grisales, Isabela Santodomingo, los maricones esos que escriben las crónicas desde “La Heroica” y hasta los sapitos de los programas de chismes, porque no existe en Locombia un Reallity más popular, continuo y soterrado (para las mujeres sexy, traquetos, políticos veintejulieros y narcos) que el dichoso Reinado de Cartagena.
Pero como dato curioso o para resaltar del dichoso evento de belleza en Cartagena de Indias de este año, noté que no había rubias naturales ni peliteñinas en lidia por la corona, sino que están es en la presentación de eventos y espectáculos del mismo; curioso. ¿Si o qué? Hasta las dos décadas y pico que tengo de memoria, algo así nunca había pasado, pero me agrada. Es realmente interesante, pues demuestra que el estilo y la pertenencia estética de la nación en cierta medida parece que están cambiando de rumbo; vaya uno a saber si para bien o para mal, de esas cosas no comprendo, pero que se nota un cambio, se nota.
Así las cosas, da la sensación de que las morenitas están de moda y como que el sentido de bastardía que tanto ha mellado la autoestima de Locombia como que está siendo revalidado sin que casi nadie lo note (ni siquiera los supuestos expertos parecen haberlo notado) porque no he escuchado ni leído algo al respecto en ninguna clase de medio (Bueno... ¿Cuándo un periodista nota algo que va mas allá de lo elemental?).
Curiosamente en éste reinado todas las candidatas al “cetro” también aparentan ser muy prudentes y ninguna hasta ahora ha hablado (que se sepa públicamente) de política, deportes (fútbol, claro) o de religión (el Papa Juan Pablo II, La Madre Teresa de Calcuta, alguna virgen que solo ellas conocen o de abortos de último minuto en la semana de parciales), del o los procesos de paz (con los guerrillos o los paracos) o en el peor de los casos, de la “mesiánica” administración actual. Supongo que esto se debe a alguna cláusula penal incluida en algún contrato secreto de esos que firman a las escondidas de todos con la organización de Reinmundo y que no tiene otra finalidad que evitar la proliferación sagrada del chisme que tanto disfrutan los medios y las señoras beatas. La verdad, es una buena medida para el espectáculo, pero aleja al “certamen” de la realidad encerrándolo en una burbuja más endeble de lo que es, porque todos más o menos imaginamos como es que es el cuento allá y quiénes son los que ponen la plata y de donde es que sale para patrocinar una pendejada de tales magnitudes y por lo tanto, extremadamente costosa. Total, con o sin reina de la belleza en Locombia las cosas no van a cambiar y la vida, en esta bella nación del Sagrado Corazón de Jesús, cualquier cosa puede suceder, menos algo realmente bello para todos.

martes, noviembre 02, 2004

Miedo

No soy bueno con los vaticinios o las clarividencias que tienden a hacer los economistas o los analistas políticos; quizá porque aún tengo un poquito de esperanza en la razón o porque me resta conciencia para suponer que el pensamiento colectivo (sentido común) es la respuesta a los males de la humanidad y que debería representarse en los actos de altruismo, pero como normalmente me equivoco cuando quiero ver el futuro cercano (o sea, de aquí a quince días), la imaginación me falla buscando un bonito final para poder capturarlo y ponerlo en alguno de mis post y como siempre, la realidad va mucho más allá de los límites del horizonte de la razón consecuente y la arepa (la situación) se voltea en contra de los buenos deseos.
Así que las cosas o la vaina en USA, es muy clara desde la amable aparición de Ben Laden en la Tv mundial amenazando al pueblo Norte Americano. La verdad, no niego que deseaba ver al candidato Demócrata siendo proclamado presidente de la Nación más poderosa del mundo, pues no me llama la atención el estilo o tendencia armamentista que los muchachos con el símbolo del burrito suelen darle a la política externa de dicha nación.
No hay que ser un genio para ir a las urnas electorales y depositar en ellas la opinión, a duras penas, basta con caminar hasta allí, ser apto legalmente para hacerlo (mayoría de edad, ser ciudadano y no entrar en ninguna de las inhabilidades que las leyes suelen prescribir para eventualidades dispares) y estar más o menos enterado de lo que los candidatos dicen. El problema normalmente, como humanos que somos, es dejarnos seducir por lo que aparenta ser más “bonito” y no lo conveniente; así terminamos votando por el que menos va a hacer, pero que mejor disfraza su “programa”.
Un ejemplo de ello es lo que me sucedió en la última elección en Colombia y en la única que puedo dar mí voto y por eso siempre que puedo, lo hago. En contra de lo que ustedes se puedan imaginar, no voté por Uribe, Serpa o Luchito (Garzón, claro), sino que me dio por votar por un sujeto lo más de simpático y extremadamente particular que realizó sus alocuciones vestido de torero. Es que siempre he pensado que quien es capaz de ponerle el pecho a semejantes animales merece respeto, así el show sea una carnicería desequilibrada, ya que el pobre torito se encuentra en una desventaja la berraca (Entre otras cosas: es el colmo, ese pobre animal sale solo a pelear contra una mano de gente que hasta a caballo va, le echan cera en los ojos y el culito y para colmo, le picas güebitas. ¿Por qué Green Pace no se ha pronunciado al respecto en Latinoamérica?) a pesar de que el espectáculo se vea muy “luminoso” por el tamaño del animal, su fiereza y por el traje de luces del torero y los banderilleros. En fin, lo que sucedió en realidad, era que me imaginé que con el nuevo sistema que se venía pierna arriba (o la guillotina que se acercaba filosa y toda lata) se necesitaría para salir del país un certificado de votación, cosa que efectivamente conseguí, así hubiese votado por un mansito que ni trescientos votos sacó en todo el territorio patrio. Bueno si, también es porque tengo alma de payaso y entre los bomberos no nos pisamos las mangueras y la burla me sonó divertida y a nadie la hacía daño y mí conciencia de paso, quedaba limpia por un ratico.
Pero en el caso Norteamericano, la cosa si que es bien fregada, porque el payaso se alineó con el que menos nos imaginamos que lo haría, pero confirmó que quizá Fahrenheit 911 si tenía razón. Lo maluco de ir descubriendo un trocito de la verdad, es el problema del nicho, o el contexto en el que ella se desenvolverá, es decir, siempre la sociedad termina preguntándose, ¿Y... qué vamos a hacer? Siendo sinceros, la cosa es muy simple: la masa optará por la opción menos dolorosa, que a simple vista, es la más simple o fácil. Lo que no es otra cosa, que buscar soluciones a corto plazo para dilemas o laberintos que vienen edificándose desde hace mucho tiempo y que ni un milagro arreglará de un día para otro, pero como la sociedad es como una vieja beata (chismosa, crédula, ignorante y hambrienta) de los domingos en la mañana, la cosa es simplemente de fe, de un complejo de Edipo llevado a sus más altos niveles comunales, donde el Estado (papá) resolverá todos tus problemas (miedos) con un puño de hierro. El problema es que “papá Estado” está representado físicamente en seres humanos, y los seres humanos hasta donde yo comprendo, nos equivocamos, sufrimos de debilidades y ambiciones y allí es donde la fe que la sociedad tenía en el puño de hierro, se destroza como si fuera de barro seco antes de llegar al suelo.Por otra parte, hoy como fue día festivo en Colombia, no me dio por escribir ni poner a leer nada inteligente más allá de ver Tv (o sea, nada) y terminé viendo en FOX, Al Diablo Con El Diablo. La película no es gran cosa a parte de la sensual aparición de Liz, pero bueno, el caso es que hay gente que es capaz de negociar con abstracciones para terminar realmente jodido por una pendejada. ¿A quién carajos se le ocurre (si el alma existe, claro) vender el alma por una simple vieja que ni conoce, ah? Pero bueno, Ben Laden (un payaso completo) al parecer se la vendió a sus amigos petroleros por mucho más que una simple viejita o un harem de esos que suelen tener los musulmanes con mucho dinero, y así la cosa no está nada mal para las finanzas personales del afamado militante del miedo que de nuevo le hace pistola a su propio pueblo en aras de su beneficio personal y como dicen (parodiando, por supuesto) en el comercial de Masther Card, tener a los chicos del norte asustados, “no tiene precio”, así te paguen por semejante bajeza y en el proceso, dejes en claro que los principios (la ética, la FE verdadera de los textos sagrados que dices respetar y el progreso basado en el diálogo y la educación) por los que se supone luchas son una farsa completa y en consecuencia, por aquellos que luchas, solo son carne de cañón y no merecen más que miseria.