viernes, octubre 08, 2004

SMS EMDEN, EL BUQUE CORSARIO

Para Mateo, quien aún no puede leer en español, pero que seguramente me recriminará en el futuro si no le dedico un cuento hoy.
sAM ROca

Una mañana en particular en que de nuevo mí vida (¿A caso a esta agonía perpetua de no poder morir se le puede llamar así?) se suponía debía alistarse para tomar otros rumbos, pues un buque de bandera francesa que nunca abordé me esperaba para zarpar rumbo a la vieja Dongbei Pingyuan (para negociar con un oficial de alto rango del ejército del Imperio del Sol Naciente, la incorporación a mí colección personal de una reliquia peculiar; la verdad, todas las reliquias son sumamente particulares), me desperté viendo aquellos inmensos ojos que todo lo abarcaban y que nada lo daban por sentado. Hacía ya un poco más de tres décadas que no me pasaba, y según recuerdo, la peor de todas fue por allá cuando las extravagancias de Luis XVI llevaron al trono galo de tumbos y trompicones a la guillotina; así que sentí otra vez la fría bestia de la soledad arrastrándose por mi espalda. No tanto por el recuerdo en si, todas las mujeres son y no son ella y todos los hombres no somos más que un reflejo del último con el nos cruzamos. Y también porque recordé que la corte, a pesar de su gravosa petulancia notable del delfín y su séquito, en cierta medida me simpatizaban por su extravagancia de barro (su final se vislumbraba desde el inepto abuelo), ya que gracias a dicho círculo interno ella llegó a mí; Bueno... ¿Y cómo no iba a serlo, si yo formaba parte de aquella cofradía?
De algún modo, la he olvidado tanto (y recordado al mismo tiempo) que se ha ido desdibujando en la distancia de los años hasta convertirse en una fantasmagórica expresión idílica (embriagadora, por cierto) del ideal utópico de lo que nunca fue y lo que es la belleza. Por supuesto, me refiero es a ella, no a la corte; de la segunda ya muy bien ha sido retratada su “realidad” por infinidad de artistas (músicos y pintores), escritores (poetas y novelistas), comediantes (historiadores y filósofos) y hasta un par de circos rusos de baja calaña y pues sería engorro también que yo lo hiciera, pues lo único que me interesa es el recuerdo que tengo de las circunstancias sociales, no de los hechos políticos en particular. Pero esa no fue precisamente la causa de alarma que me inquietó durante una buena temporada; sino porque siempre que sueño con ella, con mí “Ángel caído”, algo, o mejor, más bien un evento fantástico, realmente radical o impensable e inevitable sucede.
La primera vez que soñé con ella, nuestros caminos nunca se habían cruzado por voluntad propia ni por casualidad; no que yo recuerde. Fue una intensa noche de verano, de esas que asan el alma tan lentamente que presuponen un abrebocas del purgatorio mortal que pronto llegará (menos para mí) y que casi nadie puede descifrar pero que está allí, como un terremoto, sacudiendo las entrañas del mundo mismo y sus garrapatas.
Quizá fue que relacioné la bandera del buque con los ojos; no lo sé. Del alma y sus reflejos poco comprendo. Pero como el peso de los acontecimientos me enseñó a escuchar los ecos premonitorios que trae el viento, preferí permanecer en Tsingtao, porque el destino daría una vuelta más, y yo le esperaría. Efectivamente el 29 de junio de ese mismo año fuymos informados del asesinato del Archiduque Fernando de Austria en la sombría ciudad de Sarajevo, e inmediatamente el mapa del mundo sufrió un serio cambio del cual ineludiblemente yo formaba parte.
La guerra con la Triple Alianza (Gran Bretaña, Francia y Rusia) era inevitable, por lo cual, el buen Capitán de Fragata Von Müller, dio la orden de avituallamiento y apronte general. El 4 de agosto siguiente Gran Bretaña se declaró en estado de alarma general y al día siguiente en pié de guerra; la I Guerra Mundial (del modernismo, por supuesto) había estallado y pronto el Kleine Geschützte Kreuzer SMS Emden, construido en Weser, Bremen, como buen lobo hambriento, comenzaba a surcar las olas del pacífico en pos de sus presas.
Curiosamente, en 1910 la nave había sido destinada a Extremo Oriente, formando parte de la escuadra de cruceros con base en el protectorado alemán de Tsingtao, por lo cual, participó junto a buques americanos, japoneses y británicos en la represión de la revuelta de Nankín, en China, pero ahora la situación era diferente y el amigo sería el enemigo.
El mismo día en que la absurda guerra fue declarada, el Emden alcanzó su primera víctima, es decir, el buque de correo Ryazan, que escoltó hasta su base en Tsingtao. Luego, acompañado de un crucero auxiliar del que no recuerdo el nombre (menos de tres horas después salió de la formación por fallos en sus motores y la mala suerte de un comandante herido) y del carbonero Markomannia partí a aguas profundas. Allí comenzó la audaz travesía del barco corsario al servicio del Imperio Austrohúngaro.

Pero los historiadores navales se equivocan, bueno, errar es humano. Verán: Cuando el crucero interceptó y posteriormente capturó al indefenso bote de bandera rusa, el comandante disidió hacer su entrada triunfal a la cubierta enemiga como la habría hecho cualquier ta de los poemas de Byron, con tan mala suerte que un marino de segunda clase, agazapado tras una cofa, al ver al comandante bajando por la barandilla de traslado, se le acercó sigilosamente con un puñal y le asestó múltiples estocadas en el bientre, las cuales, no le asesinaron, pero si le dieron inmediatamente de baja del servicio, así que Von Müller, debió regresar a Tsingtao, y yo, como Condestable hube de tomar el mando del buque así no tuviese la más remota intención de hacerlo, ya que aún guardaba la esperanza de viajar a territorio nipón (ahora enemigo) a realizar el trato que por desgracia de la guerra se había visto aplazado quizá de manera definitiva.
Al nordeste de las islas filipinas, fondeando en Pagan, nos reunimos de nuevo con la Escuadra Alemana destacada en el Pacífico, formada por los cruceros acorazados Scharnhorst y Gneisenau y el también crucero ligeros Nürenberg y con el Emden, además de 5 mercantes auxiliares que servían para el aprovisionamiento. El Comandante en Jefe de la Escuadra era el Conde Vicealmirante Maximilian Johannes von Spee, que izaba orgulloso su insignia en el hasta del Scharnhorst.
Esa misma noche, entre tragos, juerga y la música del receso triunfal después de la significativa y limpia captura, no sé como ni porque, pero le propuse al Conde (Quizá tratando de emular –a mí modo – las hazañas de Drake) que dejase al Emden en libertad estratégica para que la Escuadra pudiese regresar a Alemania y enfrentar a las armadas enemigas defendiendo los mares de la madre patria y así, por cuenta, recursos y riesgo propios, entablaríamos mí tripulación y yo, así una campaña como corsarios atacando al tráfico mercante aliado en el Pacífico Sur y posteriormente en el Indico, para causar la mayor cantidad de daño que fuese posible a las líneas de abastecimientos y tratar de hundir, quemar o capturar el mayor número de buques enemigos. Izaríamos la bandera negra.
Gao Xingjian
La verdad, es que por aquellos días, la Kaiserliche Marine, era la segunda marina más poderosa del mundo y a gran distancia de la tercera; la francesa, por su parte estaba a mucha más de la primera que nosotros, la cual no era otra que la Royal Navy, obviamente británica. Gran Bretaña, tenía por costumbre táctica, en aquellos días, desplegar un verdadero enjambre de naves sobre los siete mares cuyas cifras eran apabullantemente superiores y capaces de sobrepasar a todas las demás marinas europeas unidas. Consciente de la enorme inferioridad numérica, el almirante Alfred von Tirpitz (el héroe que creó de la nada la Kaiserliche Marine, había puesto el mayor énfasis en la superioridad cualitativa de sus naves) y así que en una oportunidad, sabiamente expresó: "Seremos menos –dijo en su marcado acento norteño-, pero seremos los mejores". Y así fue, los acorazados y cruceros de batalla germanos eran menos que los británicos, pero eran muy superiores a sus contrapartes en calidad de construcción, precisión de artillería y capacidad de aguante en combate. Como quedó claramente demostrado en la gigantesca batalla de Jutlandia. Pero esta regla no puedo aplicarse a los Kleine Geschützte Kreuzer, comparados con las contrapartes, eran evidentemente superiores en todo y el Emden, frente a ellos, no era más que un buque de juguete. La verdad, era que a pesar del arrojo, la bravura y la fortaleza intelectual de la Kaiserliche Marine, los cruceros ligeros germanos como el Emden eran mucho más pequeños, lentos, tenían menor autonomía y estaban mucho peor armados que los británicos. Tanto Von Spee como yo, sabíamos que en caso de tener que combatir contra un crucero de la Triple Alianza, el Emden tendría que esperar un auténtico milagro para escapar de la destrucción. Pero siempre fuy y he sido un hombre de resultados y el almirante creía en la imaginación desplegada a toda costa; así que nos dio libertad para atacar por nuestra cuenta el tráfico mercante. La escuadra alemana en Extremo Oriente zarpó de Pagan rumbo al Este cuando el sol despuntó en la madrugada y cuando la tierra desapareció bajo el horizonte y la flota se halló a salvo de miradas indiscretas bajo una tenue niebla en alta mar, en el palo del Scharnhorst alegre y salvajemente se izaron las banderas que formaron un mensaje que después habría sido considerado como histórico (y macabro anuncio designal para otros), pero que para nosotros fue el comienzo de la aventura y al mismo tiempo, el fin de nuestro hermoso buque corsario: "Emden. Destacarse. Buena suerte". Escoltados por los ecos de los vítores lanzados por los camaradas de las demás naves, di la orden de escorar a barlovento, el pequeño crucero viró alejándose de la Escuadra muy lentamente y desde el puente, a través de los binoculares pude observar con cierto recelo y al mismo tiempo orgullo, como las fumarolas de los demás buques, que se perdían en la distancia, mientras trataba de imaginar que la empresa a la que nos estábamos enfrentando, no era un descabellado reflejo de la embriagues transitoria del ron y de aún seguir escuchando en mis oídos El Holandés Errante, sino un simple imposible retórico, como en los que Nelson había salido triunfante. Pero yo no era Nelson, y eso realmente me preocupaba. Claro que nadie podía adivinarlo, pero en breves días, el SMS Emden, le daría a Alemania la más grande victoria naval jamás conseguida hasta entonces por la nación de Richard Wagner, pero que tuvo la insoportable costumbre de empezar las dos guerras más sangrientas del Siglo XX y así mismo, perderlas por exceso de confianza.
Pero, ¿cómo un soldado romano, que en el 123 DC, que se habían integrado a la construcción de las murallas de Adriano para proteger Britania, ahora comandaba un barco evidentemente germano y perteneciente al Imperio Austrohúngaro?
Supongo que se debió a mí entrañable relación con el mar (que viene y va) desde el desastre de la revolución francesa, mí decepción política hacia el viejo continente. Por ello terminé dirigiendo las velas de un pequeño bote de pesca en ultramar que las época malas hacía las veces de barcaza turística en las Filipinas y finalmente, embelesado de nuevo con el servicio, pero en las místicas filas de marina alemana en las cuales llegué a Teniente de Fragata, así no aparezca en ningún listado, pues mí incorporación a ellas fue baste irregular. Claro que tuvo mucho que ver mí visita al puerto de Tsingtao, donde me enamoré de los modernos y poderosos cruceros clase Konigberg y en especial, del TDB Emden y los curiosos colores que habían utilizado para pintar su hermosa superficie. Después, contrariado ante el arribo a Tsingtao de dos buques con la bandera del Reino Unido, me enteré de que casi todas las demás armadas del mundo, también habían optado por la misma costumbre de adornar así sus embarcaciones. Pero ya era tarde, y servía a la marina Alemania con orgullo y disciplina. Pero la mayor razón de todas, fue suponer inútilmente que en alta mar, envuelto en la chaqueta blindada del crucero, me libraría de aquellos enormes ojos que me venían persiguiendo hasta en sueños desde hacía ya un buen par de siglos. Que equivocado estaba. Allí, tras las placas de metal reforzado, los recuerdos hicieron impacto en mí alma, con efectos más devastadores que los nuevos, fantásticos y terroríficos torpedos escupidos por las lanchas de la British Crown y que tarde o encontrarían al Emden. La misión para la cual dementemente me había ofrecido sin medir las consecuencias, fue prácticamente suicida, pero al parecer de la tripulación que tanto amaba las novelas épicas, era una aventura, así que poco o nada les importó cuando yo me dejaba arrastrar por la marea de recuerdos, total, ya éramos famosos, considerados prácticamente héroes y nuestra ruta apenas si comenzaba.
Así que después de dar presa a nuestra segunda presa, fuymos considerados un crucero corsario así ésta no hubiese sido nuestra intención. Pero... ¿Qué es un buque corsario? Una nave corsaria es un buque muy bien armado, veloz, ágil y hasta secreto que ataca el tráfico mercante enemigo. Los corsarios que atacaban las naves españolas por cuenta de la Corona Inglesa eran piratas en el sentido estricto de la palabra. Mercenarios contratados para tal fin, auténticos terroristas de los siete mares cuyas normas de conducta eran el terror, la tortura, el saqueo, la violación y el asesinato. Pero con la erradicación de la piratería en los límites del siglo XIX, las armadas del mundo moderno comprendieron lo beneficioso que resultaba bloquear la llegada de suministros al enemigo por mar atacando su tráfico mercante, pero ahora ya en manos de marinos profesionales, sujetos a estrictas leyes internacionales y no de piratas sanguinarios que en ninguna forma eran o fueron aventureros románticos. Famosas fueron las naves que la pequeña marina de la Confederación Norteamericana consiguió armar como buques corsarios entre 1861-1865 y que hicieron gran daño a las líneas marítimas de abastecimiento de los nordistas. Por lo que dicha experiencia hizo que todas las grandes marinas se replantearan la necesidad de contar con naves apropiadas para actuar como corsarios y naves apropiadas para cazar a los corsarios enemigos y miren como son las casualidades, así nació el crucero.
En las dos guerras mundiales, la inferioridad numérica de la marina alemana impuso las misiones corsarias de buques aislados, bien de guerra o mercantes armados con cañones camuflados para tratar de destruir el tráfico mercante. Así que no resulta extraño saber o haber sido parte de los más maravillosos ejemplos de respeto, cortesía y humanidad de ambas, terribles y absurdas guerras precisamente en esos modernos corsarios que tan poco tenían que ver con aquellos salvajes piratas ingleses de los que tomamos el nombre. A lo largo de ambas guerras mundiales, los marinos alemanes que actuamos en las peligrosísimas (prácticamente suicidas) misiones corsarias pusimos el mayor empeño en ceñirnos al milímetro a los tratados internacionales, así se diga lo contrario, total, el que escribe la historia es quien gana la guerra y nosotros perdimos las dos. Pero ello nos granjeó el sincero agradecimiento de las “víctimas”, tratadas con la mayor cortesía y generosidad posibles que se volcaron en la defensa de nuestros agresores cuando estos fueron investigados tras la guerra por los tribunales de los vencedores. Así, tanto marinos mercantes, como pasajeros civiles como los marinos británicos, nos exculparon siempre de cualquier cargo político, declarando que el trato a los prisioneros fue legalmente correcto e incluso lleno de humanidad. Es muy grato, amable lector, que los marinos alemanes (especialmente en la Segunda Guerra Mundial) no se contagiaran de aquella infame plaga que infectó a otras unidades del ejército del Richt (razón por la cual no me enlisté en sus filas en aquella oportunidad) y que tan especialmente desgarradora resulta. Total, la firmeza del Gran Almirante Erich Raeder mantuvo a la Kriegsmarine alejada de la influencia política nazi y su esfuerzo fue recompensado en el juicio de Nüremberg, solamente al condenarle a cadena perpetua. Mientras, repugnantes criminales de guerra fueron llevados a EEUU, Gran Bretaña o la misma URSS y tratados como refugiados políticos sólo porque contaban con cierto bagaje de conocimientos técnicos (“científicos”) valiosos que los vencedores querían aprovechar. Como siempre, aquí los únicos que perdieron fueron los millones de víctimas de la barbarie.
Cuando solicité permiso para actuar como corsario sabía a lo que me exponía. La propia naturaleza de una misión impone sigilo y aislamiento. El Emden sólo podría tomar contacto con las naves alemanas de abastecimiento que Von Spee destacara para aprovisionarnos del valioso carbón y con las naves mercantes que capturásemos cumpliendo escrupulosamente los tratados internacionales, nos encargaríamos de buscar, avistar, detener, registrar y, en caso de ser de un país aliado o llevar en sus bodegas contrabando de guerra, disponer de él legalmente como presa de guerra, pudiendo hundirlo o apresarlo y al mismo tiempo, aprovisionándonos de sus propios recursos. Eso si, nos dejaban las escuadras de Británica, Japonesa, Francesa o Rusia, que ya nos buscaban para destruirnos y debíamos tener cuidado.
Así, el 13 de setiembre la tripulación del Emden detuvo y hundió al buque británico Killin y al día siguiente hundió al Diplomat, de la misma bandera. En la semana siguiente detuvimos y liberamos a dos buques italianos (país neutral, de momento), el Loredano y el Dándolo, cuyos capitanes (para sorpresa nuestra) eran hermanos. Dado que estas liberaciones sin duda revelarían la presencia de nuestro buque, ordené alejarnos de la zona y dirigirnos hacia el sub-continente indio, con el objeto de atacar por sorpresa los depósitos e instalaciones de Burmah Oil Company en el bullicioso puerto de Madras. A pesar de estar bien custodiados y de las buenas fortificaciones defensivas, el 22 de setiembre, eso de media noche, con la enorme masa del EMDEN conseguimos acercarse hasta la costa, amparados en la oscuridad de la noche y la estrategia vital de que solo brinda la sorpresa, e iniciar el infierno. Disparando 125 salvas de los pequeños cañones de 105 milímetros, ocasionamos incendios, pero por desgraciadamente también propiciaron la muerte de algunos civiles (afortunadamente solo tres) y la de un cadete británico de un buque (del que nunca dijeron el nombre y que yo aún tengo la duda de que existiera) fondeado en el puerto. Éstas fueron las primeras víctimas mortales provocadas por nosotros, la corsaria tripulación del Emden, pero ya habíamos capturado y hundido barcos por un total de 33.000 toneladas y ese record nadie lo pudo superar ni cincuenta años después con un solo navío.
Para el Almirantazgo británico el pequeño crucero corsario se transformó en una cuestión prioritaria, pues... ¡El Emden había conseguido paralizar todo el comercio naval de la India con el viejo mundo!. No sólo se trataba de una situación fundamental estratégica, sino una cuestión en la que el poderoso imperio Británico se jugaba su prestigio, y movilizó a todos sus efectivos en la caza del escurridizo corsario alemán. Pero tal movilización no surtió efecto porque hábil habíamos puesto proa al mar de Arabia, escapando del enjambre de naves que lo buscaban sin tregua. Allí el Emden, entre el 25 y 27 de setiembre, interceptó otros 8 vapores, entre ellos recuerdo el carbonero BURESK, que al mando de Julius Lauterbach, fue el legendario testigo oficial de presas de nuestro buque, y así mismo, tal carbonero sustituyó al Markomannia, mientras éste se dirigía a un puerto neutral para cargar provisiones y enviar el correo a Alemania y a Von Müller. Así que disidí poner rumbo a Diego García para aprovisionarnos y efectuar algunas reparaciones menores. En estado de alerta, arribamos cautelosamente a la paradisíaca isla donde, para sorpresa nuestra, fuymos recibidos por los británicos y franceses con grandes muestras de alegría... La conclusión era muy simple ante semejante hecho: ¡En Diego García no había radio! Y por ello aún no había llegado la noticia de la guerra con el Richt. Evidentemente ninguno de nosotros o de nuestros insignes capturados (aún contábamos con algunos a bordo) les sacamos de su ignorancia y tras descansar la fatiga acumulada y ser reabastecidos, partimos saludados por aquellos que eran nuestros enemigos, aunque ellos no lo supieran. Reemprendida la empresa destructora, el 15 de octubre capturamos sin mucho esfuerzo en la mañana al vapor CLAN GRANT y en la noche a una draga de 500 toneladas. El 18 detuvimos el vapor español Fernando Poo, dejándole partir honrosamente tras hacer las oportunas comprobaciones de su carga y bandera. En la semana siguiente, hundimos otras tres naves y detuvimos a otra para transferir a todos las tripulaciones capturadas, que para nuestro asombro, no querían transbordar o desembarcar para seguir con nosotros en la aventurera travesía corsaria. Recuerdo que uno de ellos hasta pidió cargar su motocicleta y una hermosa dama irlandesa de la que no recuerdo el nombre, pero que se me pareció mucho a mí ángel caído, pidió que guardásemos en nuestra bodega un enorme piano de cola blanco que ella debía dar de regalo de cumpleaños a su hija que le esperaba en Penang. Razón por la cual, decidí atacar aquél puerto y de paso, desembarazarme del dichoso aparato musical que ya se había transformado en un verdadero problema pues el resto de la tripulación no hacía más que obligar a la hermosa dama a tocar hasta altas horas de la noche y la indisciplina estaba empezando a reinar ante las miradas furtivas de las acompañantes de cámara, la dama misma y nuestro personal. Así que en la madrugada del 28 de octubre, descargamos en el puerto al pino y sus concubinas musicales mientras el resto de nuestra flota (ocho buques carboneros y de vituallas) nos esperaban a unas cuantas millas náuticas de la costa, bajo la oscuridad reinante y la niebla.
Pero si lo olvidaba, en Penang había fondeados cuatro naves de guerra Británicas y para cercarnos con disimulo, decidí disfrazar la cubierta y al bote mismo como mejor se me ocurrió, es decir, volviéndolo un carguero de la British Crown. Así fabricamos una cuarta torreta de escape de gases y los cañones fueron escondidos bajo enormes cajas que hicieron las veces de compartimientos para carga de cubierta y hasta para un falso puente. Todo ello lo construimos con tela y madera extraída del resto de los buques capturados y hasta con ayuda de nuestros prisioneros, que alegremente colaboraron al sentirse parte fundamental del engaño. Cuando rusos y franceses descubrieron por los estruendos de los torpedos y los cañonazos nuestra presencia destructora, ya era demasiado tarde; el Zemciug iba ya a pique, el Mousquet estaba en llamas seriamente amenazado por la destrucción inminente y nosotros mar adentro, muy lejos del rostro del enemigo y dejando a las hermosas damas atrás, razón por la cual no sabíamos si festejar alegremente nuestra victoria o retroceder arriesgadamente por ellas.
El 1 de noviembre cuando el trompeta llamó al cambio de guardia, declaré día festivo en cubierta. Según las cuentas, llevábamos 30 mil millas náuticas recorridas sin una sola baja, tres meses de permanencia en el mar y quien sabe cuantas toneladas enemigas hundidas.
Entre tanto, en la lejana Europa y en las islas del Japón, los periódicos hacían montañas de dinero con nuestras aventuras. En dichos pasquines se contaba la bravura e ingenio del comandante Von Müller (los idiotas nunca se enteraron del cambio de capitán; mejor) y la caballerosidad extrema de los marinos que servían en el Emden. Pero el almirantazgo aliado estaba seriamente preocupado, pues luego de atacar buque tras buque en medio de los mares supuestamente protegidos por enormes grupos de escuadras, atacar industrias y posteriormente puertos defendidos y hundir naves de guerra estacionadas allí, el Emden ni siquiera había podido ser alcanzado si quiera por la bala de fusil.
Mí segundo, el teniente Hellmuth von Mücke, me propuso en la fiesta de las 30 mil millas, atacar el puerto de Direction Island, que era una estación de comunicaciones entre las islas de Cocos y el continente Australiano. Por lo cual, tomamos rumbo a la estación y por sorpresa desembarcamos con 50 hombres más, mientras Von Mücke se quedaba al mando del buque, nosotros haríamos pillaje como verdaderos corsarios. Por desgracia, nos demoramos demasiado en el tramo del buque a la playa y la estación alcanzó a transmitir al Crucero Australiano Sidney, “El Emden está aquí”.
Desde la playa, ya rompiendo los cables e incendiando la estación, divisé a simple vista en el horizonte una enorme torre de humo que se acercaba veloz en post del Emden. Pedí prestados los binoculares al ayudante de máquinas Rilke los suyo ¿Sería alguna de las naves de suministros de nuestra flota corsaria? No, no podía serlo, ellos no se acercaban tanto a las costas y tampoco eran tan grandes o veloces, con evidente estupor comprendí que debía tratarse de un buque de guerra y no precisamente de bandera amiga, por las llamas que sobresalían de las bocas de sus enormes cañones de 150 milímetros y apuntaban directamente a nuestro buque.
Errar es humano. Meses después en territorio germano, me enteré de lo que había sucedido: confiado por el informe de los radiotelegrafistas, Von Mücke había supuesto una ventaja de unas cientos de millas de distancia entre el Sidney y el Emden, distancia y tiempo que consideró adecuados para la operación sorpresa de aquella mañana y por ello no fuy informado del suceso y tampoco él pudo escapar con el buque hacia aguas menos hostiles.
Müke tomó la decisión de enfrentar al crucero a pesar de la notoria disparidad de cargas y no escapar, no había otra alternativa; yo lo hubiese hecho. Así que el Emden, a las 09:40 abrió fuego contra el veloz enemigo hiriendo su sistema direccional de fuego de torpedos, más no así los poderosos cañones. Un gran logro, si tenemos en cuenta la poca experiencia de mí segundo y lo arriesgado de la empresa. Las 11:15 una bala alcanzó las calderas sin mayor remedio para el nuevo capitán del pequeño crucero, que encallar en el arrecife cercano de North Keeling donde el buque cansadamente embarrancó. Las dos banderas, tanto la alemana como la negra que nos identificaba como un buque corsario, fueron incineradas con rapidez para evitar que el enemigo las tomase como trofeos.
De los 361 tripulantes en el Emden, 134 murieron en su combate final y 44 fueron heridos, incluido el propio vonMücke, que fue confundido automáticamente por los australianos con von Müller por su asombroso parecido y porque nadie de la tripulación del Emden se atrevió a abrir su boca y sacarles de la confusión respecto a la real identidad del capitán del navío destruido.
Pero si el almirantazgo británico creía que la aventura del Emden había terminado, pues se equivocaba, yo no iba a quedarme con mis marinos sentado en la playa a que nos hicieran prisioneros. No lo hice. Robamos una pequeña goleta de 97 toneladas perteneciente a la estación de comunicaciones y en ella atravesamos el furioso océano Indico después de sortear varias tormentas, un par de brotes de escorbuto (que de nuevo me trasladaron a la época en que disidí no volver a Europa por el vil asesinato de mí ángel) en la tripulación y finalmente llegamos a Arabia. Una vez en tierra firme, recorrimos un abrasador camino de dos mil kilómetros de desierto y tribus nómadas de que nos hostigaron durante toda la travesía del mar dorado hasta que arribamos bastante disminuidos a una estación de paso turca donde fuymos escoltados hasta Alejandría y de allí repatriados a Alemania.
Hacía ya dos siglos que yo no pisaba los escombros del Imperio de Cesar. Mí sorpresa fue mayúscula al ver su avance y al mismo tiempo destrucción.
Según me contaron luego en un bar a las afueras de Kiel algunos sobrevivientes al hundimiento del Emden y que fueron capturados por los australianos, Von Müke aprovechó el descontento en la prisión india a la que fue conducido con el resto de su tripulación, allí armó una revuelta de los nativos en contra de los ingleses y escapó también rumbo a Alemania. Yo nunca más lo volví a ver. Curioso es saber que ya nadie recuerda al primer corsario moderno ni a su tripulación, y yo hasta ahora no he vuelto a soñar con mí ángel, no sé porque...
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De fondo escucho a Wagner... que suena tan bien.

1 Comments:

Blogger Guillermo Antonio Maria Smekens said...

DIOS TE PROTEJA EN TU IGNORANCIA HISTORICA Y ANDÁ DE VUELTA A LA ESCUELA.WIM

5 de enero de 2014, 8:15 a. m.  

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