martes, octubre 26, 2004

Sirena

Sin aviso, se apareció como corsario hambriento la esperanza al doblar la esquina mientras espiaba olas de lluvia negra y el viento silbaba a la encantadora presencia de la muerte el dulce sabor de la Marsellesa. En su hermetismo, la voluntad me gritaba "Soy de papel"
No volví a soñarme en la Valhala, ahogado entre las trincheras adornadas de espinas ancestrales como para doblegar al mismísimo Odiseo: solo hubo espacio para dejarme llevar a la seduccción en el clamor de la sirena.
Por fin el bostezo infinito de Epicuro pronunciaba su eco de Roca, pero la sombra de Dante se estiró al ritmo de un son como marcado por Bird, que le arrancaba al tiempo el ocaso gracias a mis plegarias y que me repetía una y otra vez:
"Per me si va tra la Perduta Gente... Americano...Imbranatto... Americano... Americano..."