jueves, octubre 07, 2004

Quiero ser un baboso

Wir werden weniger sein, aber wir werden die Besten sein...”
Alfred von Tirpitz


Hace unas semanas, alguien que conozco y del que no diré el nombre porque me da vergüenza con el pobre tipo, me dijo: “Sabes Sam, quiero ser un baboso...”. La verdad, a esa clase de comentarios suelo no contestar porque posiblemente sea una broma y termine siendo el centro de las burlas de alguien o por algo durante largo rato sea el blanco de la opinión descriteriada, así que más bien me quedo con mí gran bocota cerrada y no me meto en problemas.
Pero en este caso, la situación me dejó pensando; porque quien pronunció aquellas palabras mayores, era en mí humilde opinión descriteriada, un sujeto que se caracteriza por su seriedad, así que después de pensarlo bien un par de veces, ya con cabeza fría unos días más tarde, resolví preguntar el porque de semejante afirmación tan peyorativa a cerca de si mismo.
Debo hacer una aclaración antes que todo. Dicha sentencia fue pronunciada en uno de los cafés más visitados de esta ciudad de mierda donde vivo, muy a las siete y media de la noche, después de una larga pausa luego de muchas niñas simpática pasaran frente a nuestros ojos y el elíxir negro (café, por supuesto) ya había hecho estragos en nuestro sistema nervioso... no es que esté justificando a mí amigo, pero ese era el contexto. Ah, y creo que hablamos de las respectivas Ex como para variar porque hablar de nuestra paupérrima situación económica o de política habría sido peor.
Así que ayer me decidí y llamé al dicho tipo y le pregunté la razón por la cual él había pronunciado palabras tan escabrosas y la razón me dejó sorprendido, no por ser fuera metafísica, política, naturalista, existencialista o cualquier maricada que a uno se le ocurra, no señores... era simplemente animal.
Resulta que el man no quiere ser “baboso”, sino MUY BABOSO, porque según él, toda viejita rica que ve en la calle, siempre va de la mano de un baboso y él quiere salir con una supermamasita, así que debería ser un MUY BABOSO o REBABOSO como también me aclaró.
Y yo que pensaba que las razones eran de fondo o inteligentes, ahora resulta que son tan obtusas y ridículas como hablar de política en este moridero de la democracia o banales como preocuparse por el peinado. ¿O será que yo soy de los poquitos bichos raros que no piensa así?
Debo revalidar mí concepción acerca de muchas cosas o mejor, no volver a preguntar nada a nadie, para no terminar más aburrido con las respuestas que con la dichosa incógnita.