lunes, octubre 18, 2004

La resistencia contra Hitler: el 20 de julio de 1944 y sus consecuencias

Un valiente intento que fracasó pero que no fue infructuoso históricamente: hace 60 años, el 20 de julio de 1944, Claus von Stauffenberg intentó librar a Alemania de Hitler

Por Peter Steinbach.

El atentado del conde Claus Schenk von Stauffenbergs, el 20 de julio de 1944 marca la culminación de los esfuerzos de varios años de altos funcionarios y militares para, desde el centro del poder, intentar darle un giro a la guerra eliminando a Hitler. En el entorno de ese atentado es posible identificar numerosos conspiradores que, desde 1938, intentaron varias veces liberar a Alemania del gobierno nacionalsocialista. Algunos de esos conspiradores buscaban alternativas al enfrentamiento violento por la hegemonía en Europa Central, mientras otros reaccionaron ante desmanes nacionalsocialistas. Otros, a su vez, prepararon tempranamente una era post Hitler a través de discusiones sobre cuestiones básicas constitucionales y de política exterior. El grupo más importante en ese sentido fue el círculo en torno a los condes Helmut James von Moltke Moltke y Peter Yorck von Wartenburg, al que también pertenecía Adam von Trott zu Solz, uno de los estrategas de la resistencia alemana en cuestiones de política exterior.

Cerca del objetivo

El 20 de julio de 1944, Stauffenberg, quien, en su calidad de jefe de Estado mayor del comandante de las Fuerzas Armadas Complementarias, tenía acceso directo al dictador, logró introducir una bomba en el cuartel general del "Führer" en Prusia Oriental y hacerla explotar durante un análisis de situación. Como a Stauffenberg se lo necesitaba urgentemente en Berlín para dirigir el planeado golpe, debió partir antes de conocer los efectos de la explosión. Hitler sobrevivió el atentado. El golpe había fracasado. La misma noche del 20 de julio fueron fusilados Stauffenberg y otros tres conspiradores en el patio del complejo Bendlerblock, la sede del mando supremo de la "Wehrmacht". Durante las siguientes semanas fueron detenidas 7000 personas y muchas de ellas condenadas a muerte. En total 10 000 miembros de la resistencia cayeron víctimas de los nacionalsocialistas. Hoy en Alemania aumenta el interés por la resistencia contra Hitler. Ello queda de manifiesto durante las ceremonias de prestación de juramento de los soldados y en las conmemoraciones, en las que la élite política se identifica con la tradición de la resistencia. Recientemente, un filme sobre la resistencia fue seguido en las pantallas de TV por 7,5 millones de alemanes, a pesar de la competencia que suponía esa misma noche un importante partido de fútbol. Aún 60 años después del atentado, para muchos continúa siendo importante homenajear a Stauffenberg. Su atentado, con el que estuvo muy cerca de lograr el objetivo de matar a Hitler, se recuerda desde hace décadas con un acto central en el patio del complejo edilicio Bendlerblock. Rápidamente se olvidó que durante décadas los alemanes tuvieron problemas para honrar ese hecho. La opinión pública del atentado fue manipulada al principio por la propaganda nazi. Hitler dijo la misma noche, en su primera alocución radiofónica después del atentado, que "oficiales carcomidos por la ambición" habían intentado asesinarlo. Los días siguientes, la mayoría de los alemanes manifestó su repulsa al atentado. Stauffenberg fue admirado en secreto sólo por aquellos que sabían que Alemania podía ser liberada del dominio nazi sólo con una derrota en la guerra. Sin embargo, la mayoría de sus contemporáneos vio en su acción sólo el intento de un alto oficial de salvar su propio pellejo. No les interesó saber ni respetar qué valor se necesitaba ni qué arriesgaba Stauffenberg, gravemente herido en ôfrica, casado y padre de familia.

Interpretaciones y reinterpretaciones

La perspectiva de los alemanes cambió luego de la liberación del nazismo. Stauffenberg dejó de ser difamado públicamente como traidor. Pero no por ello los objetivos del autor del atentado fueron tratados con respeto. Por el contrario, los adláteres del régimen intentaron justificar su propia pasividad transfiriendo las críticas sobre el atentado en sí a su supuesta chapucera ejecución. Pero esas acusaciones son insubstanciales. A mediados de los años 50, el atentado de Stauffenberg fue revalorizado por muchos alemanes. A menudo se recurrió a la imagen del justiciero solitario, que quiso salvar a Alemania de la perdición. Diez años después de la derrota de la "Wehrmacht", los dos Estados sucesores del "Reich" pretendieron fundamentar una parte de sus tradiciones en la resistencia. Para el gobierno de la RDA, la cosa era sencilla: su tesis fue que la resistencia había sido liderada en su mayor parte por comunistas. En Alemania Occidental se hizo otra lectura de los hechos: los adversarios del régimen habían seguido los dictámenes de una conciencia que ubicaba a la dignidad humana como medida de todas las cosas. Algunos historiadores, por su parte, resaltaron que Stauffenberg había buscado su senda hacia la resistencia a partir de las ideas de un Estado autoritario y que, hasta las últimas semanas antes del atentado, había visto como uno de sus objetivos más importantes asegurar una posición hegemónica de Alemania en el centro de Europa.
No obstante, en las interpretaciones y reinterpretaciones se desfiguró la visión de Stauffenberg como ser humano y el proceso interior, que lo condujo de una inicial cercanía con los nazis a transformarse en su enemigo decidido. Poco se comprendió qué significaba distanciarse de las tendencias de la época. Los amigos de Stauffenberg resaltan su determinación y altruismo, su poder de convicción y su consecuente accionar. Stauffenberg se transformó tarde - en 1943 - en motor de la resistencia en Berlín. Pero cuando lo hizo nunca dio un paso atrás, nunca dudó, sino que buscó contactos e intentó ensanchar la base de la resistencia. Es fascinante ver cómo va conquistando a cada vez más personas para sus planes. El fracaso no fue culpa de Stauffenberg. El desastre fue culpa de sus camaradas, que la noche del 20 de julio se acordaron de pronto de su juramento de fidelidad a Hitler y traicionaron a Stauffenberg. La resistencia se había propuesto liberar a Alemania de Hitler. Sin duda que, de haberlo logrado, se hubieran registrado discusiones en torno a las futuras estructuras. No sabemos qué formas podría haber adquirido Alemania. Pero transformar a Stauffenberg en símbolo de la reacción porque actuaba desde la perspectiva de su tiempo, es ahistórico. También sería temerario elevarlo a representante de un ordenamiento liberal, dado que éste fue fruto de la derrota.
No obstante, el ser humano Stauffenberg continúa siendo fascinante hasta hoy. No actuó cuando ya era tarde para hacerlo, sino que fue uno de los pocos de su generación que asumió una responsabilidad y se arriesgó a hacer la "jugada decisiva". Ello era mucho más peligroso que permanecer fiel a la bandera con la esvástica, como lo practicaron muchos que vendieron su cobardía como juramento de fidelidad. Stauffenberg se ha ganado, a pesar de las muchas observaciones críticas que le caben y con todas sus contradicciones, un lugar de privilegio en la memoria de los alemanes. El y sus acompañantes creían en la "otra Alemania". Por lo tanto es de esperar que todos reflexionemos acerca de lo que dijo el escritor alemán Reinhold Schneider después de la guerra: que los integrantes de la resistencia fueron "testigos en medio del fuego".

Un fracaso con consecuencias

Por ello es importante recordar a la resistencia. Porque con ella, las víctimas de la dictadura nazi adquirieron conciencia de que había una Alemania que encarnaba otros valores a los proclamados por el nacionalsocialismo. La resistencia demostró que en Alemania había fuerzas opositoras a los nazis. Esas fuerzas facilitaron a los alemanes el regreso al círculo de las naciones civilizadas. Desde ese punto de vista, el fracaso del atentado tuvo profundas consecuencias históricas y de ninguna manera fue infructuoso.