viernes, septiembre 17, 2004

Soy lo que ves

Me arrastró de nuevo en la voluntad,
después de mucho volar y volar como cometa sin cuerda.
Supongo que no lo soñé.
Antes de dar contra el suelo,
cerré los ojos con fuerza y hasta recé.
Pero la muerte,
como panacea balsámica al silencio no llegó.
Así que al rato del totazo,
me quité la tierra seca de los zapatos,
dejé que las gotas de sangre como lágrimas rodaron por mí rostro embarrado,
donde quedaron enterrados mis recuerdos,
sacudí mí alma como para aflojarle la miseria que aún le quedaba pegada en los rincones,
donde tiene apuntalados los botones y me la metí en un bolsillo.
Me puse de pié y recordé que podía abrir los ojos,
no había más que hacer, la luz de las estrellas quemó mí esperanza,
ya era de noche, pero que más da...
Sigo siendo lo que ves.