viernes, octubre 01, 2004

Ser único... ¿Y para qué?

No comprendo muy bien el cuento de la “particularidad”, de ser “único” o “especial”. Si se han fijado un poquito en la gente que quiere ser o se dice así, se darán cuenta de que ellos terminan siendo más parecidos a cualquier prototipo anterior y no a lo que simplemente quieren ser, un ser único e irrepetible.
Es curioso, pero esto suele ocurrir mucho en gente de parámetros muy marcados o que en cierta medida, ya que consideran no querer ver en un espejo a donde vayan o estén una imagen de si mismos reflejada. Algunos de ellos, parecen gritarle a uno en la calle: “Mira miserable... eres un tipo más” o “Yo soy diferente; tú no eres más que un producto de la pluralidad. Apestas”. Pero a veces resulta que lo igual no es tan parecido a lo demás como se pensaría en principio y lo diferente termina siendo una emulación de algo que ya existe o de más, por supuesto, si alguien se toma el tiempo de hacerlo. Por lo cual, está claro que un ser humano no es vid de si mismo, porque nadie aparece de la nada, sino que se es el fruto de los que le antecedieron y en consecuencia, será una evolución social del que ya estuvo allí o su continuación cronológica así éste (como ser “nuevo”) no lo quiera o lo crea.
Ya que en las sociedades supuestamente evolucionadas, tendemos a creer que desarrollamos nuestra personalidad dentro de la diversidad de escoger libremente lo que queremos ser o como vernos, pero resulta que allí no radica la fortuna del ser (eso en realidad no lo deciden sino los factores de poder, ya sea con dinero o con armas), sino que es un suceso que va mucho más allá de una simple actitud, un modo de vida o una postura, es decir, de comprenderlo pues así nos verán tan diferentes como nos creemos, que es lo que se supone le ha de importa al que quiere salirse de los parámetros de la normalidad.
Pero como quien negó la metafísica (filosóficamente hablando), el afirmar el fin o la destrucción de una teoría, tendencia, escuela, ideología, moda o filosofía, solo termina afirmándola y más bien termine dando un paso atrás o simplemente se quede estancado en una ilusión.
Así las cosas, la grandiosa idea voltea su rostro de de bestia hambrienta contra su creador y bastante contradictorio es que quien supone que al ser diferente entra en un status de excelencia si gular ante lo universalizado o universal, resulta que no hace más que entrar al club de los iguales (réplicas autómatas), bajo el uniforme de la pancarta publicitaria que solo pretende llamar la atención, conspira contra si mismo en aras de su “libertad” (porque las ataduras aquí ya son más fuertes y de individuo se salta a ser sujeto) y así pierde toda voluntad (si alguna ves existió) en y por la comunidad.
Por ello, es mejor simplemente ser: sin pretensiones de ninguna especie, sin limitantes porque no existen parámetros que seguir y así, poder en realidad estar en el ser, total, no existe ojo más crítico o cínicamente ciego que el de quien contempla su propia sombra...
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Oops... éste post se niega por si solo... y de fondo solo se escucha el eco de mí propia respiración. Que vainas...