miércoles, agosto 04, 2004

Quitándole razones a la guerra

Es triste descubrir que la mayor parte de lo elementos tecnológicos y científicos realizados por el hombre están dirigidos al mismo esfuerzo, es decir, a acabar con el hombre mismo. Si es verdad, la lavadora, la secadora, la licuadora, el hormo microondas, la aspiradora, los tenis superblanditos, la misma comida de perro, las drogas, los aviones, los televisores, las computadoras, la Internet, la Tv por cable y cuanta cosa uno se imagine, provienen de la misma mentalidad, la destrucción, pero con lucro.
Así mismo, las creaciones intangibles, pero a la final instituciones de poder, son y seguirán siendo creadas con la misma finalidad, la detentación del poder y la perpetuación de los sistemas. Así la educación, todo lo que se vea y diga en los medios (porque ahora son tan o más importantes que la escuela), las concepciones de democracia y de economía, son fruto de las necesidades individuales con aplicaciones plurales. Total, si pensamos en el capitalismo, no podemos dejar de suponer que al que le dio por inventarlo, lo hiciera para favorecer al vecino, sino para sustentar de forma ideológica y política su propia riqueza.
Con la democracia es la misma cosa, los griegos que la empezaron a promulgar no precisamente eran personas del pueblo, o la misma voz de él; se trataba de las Demos, y la teoría política del estado, surge como una necesidad básica para convencer al otro, de que lo que se hace está bien y que es bueno un orden común, así no se tenga en cuenta a muchos.
La educación, por su parte, defiende y propaga éstas dos anteriores y por lo tanto, es la base de la cultura; en ella se sustenta la realidad política y económica de una nación, por medio de ella se “conoce” el pasado y se diseña el futuro. El problema radica en que los que planean el futuro, no estudian ni viven normalmente en el país donde desean hacer reformas y en consecuencia, la visión que se tiene de las necesidades y problemas de la nación es tan obtusa, que todo esfuerzo que se haga, por más noble que sea, será totalmente descontextualizado.
Si nos fijamos en Colombia, notaremos con facilidad que la guerra civil no declarada por la que pasa nuestra patria, es el fruto o la sumatoria de muchos errores fundamentados en la mala planeación, en el egoísmo, en el abandono y la pobreza de espíritu.
Analicemos estos tres últimos factores mencionados. El egoísmo es la forma natural del ser humano, ser para si y por si mismo; en la cadena alimenticia, el rey de la selva no es el león, ni el mar el tiburón, es el ser humano, que prácticamente acabó con estas dos magníficas especies por simple placer. Nuestros cuerpos como armas no tienen nada especial, es más, como animales, somos ineficientes, ineficaces, totalmente indefensos hasta la madures y posiblemente muchos lo sigamos siendo hasta viejos. Pero nuestra destreza no está totalmente apartada de la realidad física, no es metafísica, sino óntica, y se encuentra concentrada en nuestro cerebro. Es a él al que debemos que ahora exista lo que sucede, la ciencia, el arte, la filosofía, la cultura, etc... y él al mismo tiempo, es nuestra gran debilidad, pues en él es que solamente somos y por ello, eludimos la posición del otro y la alteridad se transforma en un hermoso juego de palabras que nada ni nadie puede cambiar. Así el egoísmo es parte del ser, porque yo quiero... so soy, estaré y trataré de perpetuarme, así solo sea por medio de un hijo, no de actos. El egoísmo es el que nos impulsa al acaparamiento de bienes materiales e intangibles, el egoísmo es el que me dicta porque escoger un auto y no otro, porque casarme con una mujer y no con otra, pero es el que me aleja de la pluralidad y me convierte en individuo y me hace dudar seriamente del hecho (ya no tan obvio) de que vivo en una sociedad, sino en un gran conjunto formado por sujetos. Pero ojo, somos sujetos a un conglomerado de leyes, costumbres y pautas, invención humana por supuesto, pero que no es más que el mismo juego del león que deja su huella de olor en un árbol para marcar su territorio. Lo que sucede con el ser humano, es que marcamos el territorio de una manera diferente (la verdad, hasta las fronteras están desapareciendo) y nos limitamos la existencia con acuerdos “comunes” realizados por los representantes de la sociedad, pues ellos están allí gracias al voto, soberano y democrático y así las leyes sean una completa brutalidad o totalmente absurdas, están realizadas por culpa del pueblo, que fue quién puso en el poder al no tan sujeto que las hizo y el “vivo” que la firmó.
Lo cierto es que todos queremos tener algo: tener un trabajo bien remunerado, un techo bajo el cual resguardarnos, alimentos, educación, ahorros y hasta diversión. Pero no todos tenemos las mismas capacidades y la vida a veces brinda oportunidades a otro que estaba en el lugar y momento indicado y así el juego del azar, debe en cierta medida ser emparejado y para ello, se promulgan las leyes. En contra posición, si mal no estoy, creo que fue Kelsen, quien en uno de sus muchos textos dijo que la ley estaba concebida por alguien que no esperaba que se aplicara, por lo que la ley nace muerta desde un principio, gracias al egoísmo y es allí donde surgen las razones de la disparidad, la inequidad y la injusticia. El gran problema con estos señores es la resolución de una pregunta: ¿Quién obliga a cumplir las leyes?
Ya ni sé cuantas reformas constitucionales van desde 1991, pero supongo que deben ser muchas y entre otras cosas, muchas reformas pensionales. La cantidad de dinero que le adeuda el Estado al ISS es tal, que la administración actual, en una maroma titánica, piensa liquidarlo y así eliminar tota huella de corrupción y malos manejos de los últimos doce gobiernos, que obviamente son las responsables de los desfalcos, robos, y despilfarro de dinero, pero eso si, al culpable no se le persigue, sino que se le premia con una embajada, con la dirección de otro instituto o en su defecto, con una curul en el senado o en la cámara.
Pero no he respondido la pregunta que yo mismo formule. Bien, la situación se agrava si nos fijamos en las altas cortes de justicia de nuestra patria, donde extrañamente solo salen condenados los de siempre y los culpables de ésta guerra sin cuartel, siguen libres, en sus camionetas blindadas, hablando por celular y tomándose un buen amarillito en su silla en el congreso.
Del abandono se pueden escribir hasta novelas como las Dickens o de Tv como cualquier novelón estilo Pedro el Apestoso. Pero el abandono que nos preocupa es el de Estado, el más doloroso de todos. En realidad, en los pueblos apartados o metidos en la manigua, no es que sea necesaria la fuerza pública, sino una presencia real mediante escuelas, hospitales, comunicaciones, comercio y desarrollo socioeconómico. Lo que se necesita en el campo es contar con las mismas oportunidades que brinda la ciudad en cuanto a interacción cultural, política y económica y una política seria de estado referente a producción agraria y protección de los pequeños cultivadores, que ni salud tienen. ¿Cómo es posible que siendo Colombia uno de los mayores productores de café del mundo ahora esté importando grano desde Centro América? En fin, a los gobiernos en general parece no importarles el futuro, sino la realidad mediática, para subir en popularidad y no en eficiencia. Quizá esto se deba a que suponen que sus hijos no heredarán Colombia, no sé... vaya uno a saber... ¿O es que todos son impotentes? Dios quiera lo segundo.
En cuando a la pobreza de espíritu, solamente peguémosle una miradita superficial a la ley general de la educación y con eso tendremos para comprender porque carajos es que somos como somos. Para empezar, la dichosa ley fue introducida al país casi igualita a como fue desechada en España después de un año de problemas y para colmo de males, las reformas que se le hicieron son tan vacuas, insulsas y de tan bajo contenido de realidad, que poco falta para que más bien la clase Ética y Valores la dicten Andrés Pastrara Arango o el exministro Londoño.
Pero... ¿Qué más se puede esperar? Si lo que los dignísimos padres de la patria lo que quieren es un pueblo raso, que siga votando sin preguntar y sin que se cuestione los actos de poder, que no se revele como pacifista ante la guerra (que es tan buen negocio para algunos) y que descabece a los corruptos.
Tipos como “El Faraón”, D´artagnan, Pastrana, Uribe, Araujo, Santos, Santofimio, Hatyn (no recuerdo como se escribe el dichosos apelliodo) y Gaviria entre muchos otros, seguirán siendo los nombres y sujetos representativos del poder, seguirán siendo el mismo tipo, la misma canallada contra todos, pues el pobre e ignorante será aún más miserable y el politiquero será aún más egoísta, despreciativo y pobre de espíritu así vaya a misa cada 6 horas.
Porque la solución a los problemas en Colombia no es matar; por el contrario, es eliminar las razones de la guerra, es decir, brindar las necesidades básicas y oportunidades. La solución no es una moneda o pan como limosna para un desplazado, es el retorno. Está en un diálogo civilizado en el que todos ceden.Así que la próxima vez que se acerquen a las urnas electorales, piensen muy bien a quién entregan su voto y la razón por la cual lo hacen, no vayan y le estén dando más motivos a la guerra. Pero lo realmente triste de nuestra experiencia como nación con la guerra, es que ella solo nos ha dejado miseria.