martes, agosto 17, 2004

Los robots y una mordidita a la evolución

En cada ocasión que me siento por error a ver Futurama porque no tengo nada más que hacer los domingos o algo que tenga que ver con ciencia ficción sumamente futurista donde muchas cosas son posibles (es que si ustedes lo piensan bien, lo que ahora hacemos y vemos como común o aburrido, hace apenas un par de décadas era literalmente imposible y más bien se configuraba en nuestras sutiles mentes como una fantasía y no ciencia ficción), siempre termino en el mismo punto, es decir, haciéndome la misma pregunta:

¿Quién sería Vender?

Desgraciadamente, como tenemos la costumbre de rotular tanto a las personas como a las cosas, no vemos lo obvio y desechamos lo esencial, que en este caso tan particular, sería la pregunta por el ser y en consecuencia, concluyo un poco más hondo, pero no mucho:

¿Un robot sería un ser?

Obviamente por el simple hecho de existir ya es un ser, pero como una cosa cualquiera, es decir, como una mesa, un computador, un libro o una roca, pero... ¿la conciencia de existir al habitar en él, le haría algo más que un objeto? ¿y la pluralidad humana qué haría con respecto a ello? Porque técnicamente no serían parte de las especies biológicas en principio. Pero estarían allí y serían un factor innegable de cambio y poder.

Posiblemente eso nunca lo sabremos hasta que el ser humano por fin cree inteligencia artificial fiable, y así saber a que es lo que nos enfrentamos. Por lo que, el real problema no será la creación de la inteligencia paralela a la nuestra; tarde o temprano alguien podrá realizarla y a muy bajos costos, como suele suceder con toda tecnología innovadora, sino que sus consecuencias serían sociales y biológicas.

Así las cosas, la situación realmente delicada será precisamente la capacidad para cuestionar, de poner en duda su ser y el mundo, para transformar el entorno de acuerdo a sus necesidades básicas y luego las secundarias y sociales. Quizá en ese preciso instante, el esclavo tecnológico tan esperado por la que se ha vuelto la perezosa mano del hombre común, soñado por las amas de casa y rogado por los asesinos de uniforme, caiga en cuenta de que es otro ser más y allí que si tendremos realmente dificultades.

Porque para empezar, ¿los queremos asexuados, y si alguien deschavetado se enamora de alguno de ellos o a la inversa? ¿Aceptaría usted salir con un robot a cenar o hacer el “amor con un pedazo de metal? pues a mí la cosa no me llama la atención, pero quizá a algún loco o romántica si e indudablemente tendríamos serios problemas de tolerancia ya no racial sino de especie. Porque el que los ame les considerará especie y no frío metal.
Segundo, ¿qué tan inteligentes los deseamos? Tan tarados como un mamífero inferior (sin ánimo de ofender a ninguno, claro); como un infante, lo cual le haría ingenuo y dócil o creativo y genial como un Leonardo Da Vinci o un Víctor Hugo. Porque de ser así, posiblemente nuestra concepción de la vida y el universo mute.

¿qué tan socialmente activos los vamos a diseñar? Es decir, vivirán en nuestras casas, los guardaremos en los armarios y viajarán con nosotros como si se tratase de nuestros amigos o compañeros de trabajo. ¿O solo los encontraremos en nuestros sitios de trabajo, en fábricas o lugares apartados donde no interactúen con nosotros? ¿Podríamos confiarle nuestros trabajos no deseados y de mano de obra pesada a ellos? Quizá la economía no aguante y de paso, se hieran muchas susceptibilidades sindicales. Además, ¿serán gregarios como nosotros que necesitamos vivir en sociedad (bueno, por lo menos yo)? Y si es así... no sería contraproducente que entre ellos se comunicaran sus dudas, problemas e inquietudes...

Por otra parte, ¿pueden ser a nuestra imagen y semejanza? Y si es así estaremos frente a un grave problema, quizá al peor de todos los que se ha enfrentado el mismo ser humano, pues tarde o temprano nos encontraremos en luchando contra nuestra propia creación en estado en estado de insurrección, porque como nosotros mismos, no soportará una mano fantasma guiando su destino. El adán tecnológico se irá del paraíso renegando de su dios mortal e imperfecto.

La propia inmortalidad de la naturaleza robot nos aplastaría teológicamente (moralmente), el universo se nos terminaría reduciendo a un instante de partícula atómica y ahí si que nos terminaríamos preguntando lo mismo que inquietó al pobre Freddie Mercury, pero con un leve cambio: ¿Who dont wat to live for ever?
En consecuencia, posiblemente la taza de natalidad baje hasta casi la extinción cuando ya nadie quiera morir y estar a la moda robot, las economías colapsen y perdamos la fe en nuestras propias instituciones y en nosotros mismos como especie al ver a un ser igual a nosotros, dueño de su destino inmortal y heredero de nuestra historia abonada con sangre. Porque a la larga él también sería humano, es parte de nuestra evolución social y tecnológica y porque no, hasta sería el siguiente paso en la escala biológica, es decir, la inmortalidad.
Curiosamente y desde la perspectiva católica, ellos nacerían sin pecado original, no tendrían culpas para ser manipuladas por alguna congregación o culto místico, tendrían a la mano a sus creadores y les estudiarían sin ninguna reticencia o remilgo. Sabrían de primera mano que son la epítome de la inteligencia; aunque con el tiempo, las cosas podrían cambiar y de pronto si sientan la necesidad de trascender, porque el cielo para ellos no vendría a ser otra cosa que fue lo mismo para Platón, es decir, el Mundo de las Ideas, pero las ideas virtuales, y no sería más que la misma Internet y el infierno, este mundo real, sólido y limitado. ¡Gloria al Evangelio según 0 y 1!

¿Qué penderá sobre su “cabeza”? No será precisamente la espada de Damocles, pero si la esclavitud perpetua, que es aún peor y de lo que estoy casi seguro, el regocijo de los activistas de derechos humanos dando golpes de pecho será pan de cada día y escucharemos a los conservadores gritando “¡Mea culpa!”, pero ya será muy tarde, porque ellos fueron los primeros en adquirir un juguete que piensa.
Entonces no habremos aprendido nada como especie, porque seguiremos realizado la mayor bajeza que nunca se nos hubiese ocurrido, la esclavitud pero creando vida de la nada, con el único propósito de destruirla a cuenta gotas y por lo cual, tendrían todo el derecho de revelarse... ¿ustedes no lo harían?
Consecuentemente, nuestra historia será la de ellos y es posible que sólo el más apto sobreviva en esta nueva clase de competencia evolutiva, donde el más hábil no será el más rápido en adaptarse al cambio, porque las herramientas de la naturaleza estarán en nuestras manos y en sus extensiones como un apéndice de la creatividad tecnológica, y tampoco será el más fuerte el que prevalezca porque prácticamente estaremos en igualdad de condiciones (si desarrollamos cualidades cognitivas absolutas e instantáneas), sino el que ganará aquella lucha hipotética será más vil y cruel. Y quizá en unos cuantos siglos, solo quede el recuerdo humano en un zoológico o en algún museo y el simio que pensaba haya desaparecido del todo y posiblemente sea el mejor de los Apocalipsis.