jueves, agosto 19, 2004

A la mierda con la tolerancia y la alteridad

Es realmente irónico que en estos días tan turbulentos, después de uno de los siglos más violentos de la historia de la humanidad y donde al parecer como evento no se aprendió nada, nos peguemos del bote de salvación que es el postmodernismo y su bandera que es la tolerancia; pero eso si, todo lo que suene o huela a musulmán es enemigo (Enemigo = palabra que no respeta rostro, edad, credo, política, raza, locación, destinación, pasado, presente o futuro y solo le interesa la economía), lo que se vea satánico es apetitosamente herético y lo que se vista de uniforme, termina siendo el crimen mismo pero legitimado políticamente en una carta absurdamente constitucional.
Sí uno se toma la libertad (cosa que no existe y más bien se da un descanso para pensar y deja de cree que vive en una democracia y que su única razón de existencia es simplemente ser) y lee con detenimiento los diarios, escucha las noticias en radio o las ve en Tv, notará que no existe algo más ridículo que pertenecer a algún “ismo”. No importa la naturaleza del mismo, está dominado por la moral y no por la ética pública o simplemente es reflejo del sentido común. El que ayer era de rojo, mañana va de azul, verde o amarillo, lo que importa es el dinero, el poder y las armas.
Ir de izquierda o de derecha da igual y es muy sencillo, el que lo hace, total solo cambia de patrones que están en un juego tácito de tolerancia en los negocios y es enemigo del ciudadano común y cantante, solo porque aquél existe o piensa diferente y así, el que era el amado liberador, no termina siendo otra cosa más que un verdugo desconocido.
Por otra parte, todo tiene raíz en la razón misma de ser de las naciones, por lo cual, la ley es una excusa para aquél que la crea, la asesina y la resucita; el artista vive (trabaja) en función del dinero (nunca he escuchado a Botero decir que el tema de su próxima colección será acerca de tal o cual cosa, sino que costará tantos miles o millones de dólares) y la publicidad de la deidad de plástico porque hay que ser bonito para vender y no tener talento. Para el escritor, por su parte, según Derrida declara, el lenguaje se vuelve constantemente contra sí mismo, de modo tal que, analizado de cerca, nunca decimos lo que queremos decir, o nunca queremos decir lo que decimos.
Y yo lo que en últimas quiero pero no puedo decir, es que el sujeto reemplazó al individuo y nos preguntamos si de verdad existió alguna vez más allá de Kant o de la misma ilustración, porque a este paso, nada es verdad, todo es un kitsh, nada depende la razón mínima de la objetividad sino de la mutación.
Por ejemplo: ¿Cómo es posible que un tipo que se vite con falda, gorrito y zapatos rojos se atreva a atacar a la homosexualidad? (Me refiero al papa y sus compinches) Por Dios (no importa, su dios también es válido bajo el postmodernismo así sea usted vudú) si somos todos seres humanos y la construcción de occidente es una falacia del siglo IV... ¿Y nos vienen con el cuento de la igualdad en la disparidad? ¿A dónde fueron los semiólogos?
Pero eso, vaya uno y exprese que piensa y siente diferente y le cae todo el peso de la mano negra que ya no se sabe si es zurda o diestra, total, todo y todos se malinterpretará, pasará a formar parte de la divina colmena de mentiras y la publicidad hará el resto y si no, para eso está el chisme.
El camino o la única alternativa, como dijo alguna vez una amiga muy querida (y de la cual no diré el nombre y que seguro será famosa en un par de siglos) no está en el lenguaje, en la ciencia, su método y los magos del laboratorio, ni en la política “social”, sino en la ética y yo completo, en la ética pública, que es la que presenta los parámetros, que debe ser acatada y mostrada, no transformada bellamente en una ley, sino en praxis.Pero yo lo que en realidad les quería contar y no pude, es que la tolerancia no es más que un invento retórico o veintejuliero para justificar los desmanes, los errores y las brutalidades que se comenten en aras del bienestar egoísta de unos pocos. En conclusión, la alteridad no existe, es pura paja, y a nadie le importa el otro así nos hechos el cuento romántico de que vivimos en sociedad.