martes, agosto 03, 2004

Exiliado

En el viento presuroso retoza la brújula
Trémula la aguja hila el camino,
De olas y de nubes es la mar su noche,
A la ética dudosa del bardo va
Abrazando el embeleso de Proteo;
Errático navegante arrobado.

De perfumes ya no sabe,
De versos ni plumas,
A mordiscos se robaron su alma,
El águila esculpió al vagabundo;
Ahora la bestia es herrumbre
Y los rugidos el murmullo de las rocas son.

¡Laberintos sin Epimeteo!

No hay de que preocuparse:
Es una más de las carcajadas de Argos,
Que escarba y ronca,
Ladrón y payaso en las mazmorras de luciérnagas;

¡Sediciosa es la esperanza!

Lenta es la saeta rompiendo la carne.